2033: ¿El futuro de la ciudad de México

5/02/2010

Así podría ser la ciudad de México en 23 años. Los juniors se divierten practicando la caza, no precisamente con animales; la temperatura es de 40 grados y el gobierno es totalitario y antidemócrata.

Así podría ser la ciudad de México en 23 años. Los juniors se divierten practicando la caza, no precisamente con animales; la temperatura es de 40 grados y el gobierno es totalitario y antidemócrata. En lo visual, los grandes edificios sobresalen en una vista aérea.

¿Algo más? Los habitantes de por algún extraño motivo, obedecen órdenes sin chistar. Pero como siempre, existe un grupo rebelde que intenta ir en contra del régimen, a riesgo de que los maten.

Así es la propuesta de 2033, película mexicana de ciencia ficción que llega hoy a los cines.

“Por ahí llegó hace tiempo un video en Brasil donde se veía (gente) cazando a seres humanos. Yo estaba preparando la película cuando me dijeron que existía eso y me di cuenta de que aunque se trataba de una ficción, estaba ligándolo con la realidad. Yo no muestro eso por morbo, sino para ver hasta dónde pueden llegar los seres humanos”, dice Francisco Laregoiti, director del filme.

2033 se sitúa en Villaparaíso (antes Distrito Federal) donde Pablo (Claudio Lafarga) es un joven de familia acomodada, cuya mamá tiene relación con un militar poderoso, en quien supuestamente recae el gobierno.

El verdadero mando recae en manos de PEC (Alonso Echánove) un viejo general que usurpó el poder años antes, eliminando toda creencia religiosa y libertad de expresión. Para los que gusten de las pistas, PEC es el acrónimo de Plutarco Elías Calles, ex presidente de México que originó la guerra cristera.

“Es un poco hacer la remembranza de que las cosas se repiten, que son cíclicas”, comenta Laresgoiti.

Contrario a las grandes producciones hollywoodenses, 2033 muestra un futuro más real. El autor del guión y productor Jordi Mariscal dice: “Como productor tenía que ir limitando algunas cosas en el guión. No me interesaba mostrar coches voladores ni naves, que no creu haya en ese año, sino quedarme en los detalles tecnológicos de comunicación.

“Leyendo revistas me daba cuenta del tipo de armas que iban a usar, que ya no iban a hacer falta cables para hacer varias cosas y que la criopausia (conservación de cuerpos humanos con vida, en estado letárgico) crecería”.

Imaginando un mundo

El filme tomó como base la zona de Santa Fe para crear la ciudad futurista. La arquitectura limpia y los grandes ventanales sirvieron para el efecto. En foros se construyó el laboratorio y la oficina del protagonista. Las pantallas tipo computadora, que en 2033 son táctiles (se manejan tocando botones virtuales), fueron añadidas en posproducción.

La película costó unos 25 millones de pesos, actual presupuesto promedio para una producción mexicana. No puede compararse con la más pequeña producción extranjera del género. Sector 9, un fenómeno apoyado por Peter Jackson (El señor de los anillos) costó cerca de 400 millones de pesos.

“¡Ese era el reto!, hacer una película que no se viera chafa con poco dinero”, dice Marec Fritzinger, responsable del diseño de producción. Entonces revisó filmes como Gattaca y Farenheit 451, cuya inversión no fue espectacular y sus escenarios son completamente creíbles.

Fritzinger dibujó ideas a partir del guión y se encontró con cosas que ya existen, como un velatorio donde hay un mecanismo que se eleva con la urna.

Hasta se trajo un auto de Estados Unidos que sirvió para simular un minirobot limpiador. “La sangre que quita fue hecha después en posproducción, pero todo eso fue dándose para hacerlo creíble”, relata Fritzinger, que ha participado en filmes como Encantada y Deja Vú.

El protagonista Claudio Lafarga sufrió en algunas secuencias en la filmación. Dice que es distinto trabajar con elementos reales que imaginarse con green screen lo que está viendo. “Por ejemplo, cuando mi personaje ve en una televisión que están torturando (a alguien), debí imaginarlo, pero sólo veía una pantalla verde”, dice.

2033 es la segunda parte de una trilogía. La primera se sitúa en 2011, poco antes de las elecciones presidenciales. La última contará el momento en que los rebeldes emprenden el ataque final en contra del régimen. “Realizarla dependerá de la respuesta del público a esta primera. Estamos listos para las críticas”, dice Francisco Laresgoiti.
El Universal

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