Alfil

23/05/2011

Durante el año pasado los partidos Acción Nacional y De la Revolución Democrática construyeron un acercamiento político y mediático que llevó a pensar en una alianza electoral en el Estado de México.

El principio del fin inició cuando se realizaron modificaciones electorales que eliminaron la posibilidad de candidatura común en la elección de gobernador, con lo cual la única opción, la coalición, no resultaba atractiva por sus limitaciones en relación principalmente al uso de recursos económicos y a la aparición en la boleta de un solo emblema conformado por los dos signos partidistas.

Aún así los partidos decidieron consultar a la población mexiquense simpatizante de ambos institutos y, no obstante la opinión mayoritaria hacia el sí, las cúpulas decidieron caminar por separado, distanciadas por sus grupos internos radicales, que insistían en Alejandro Encinas y Felipe Bravo Mena, personajes identificados, el primero con Andrés Manuel López Obrador y el segundo con el Yunque, grupos confrontados en el pasado reciente en la elección “peligrosa” de 2006.

Las preferencias electorales, previo al registro y aprobación del mismo por parte del Instituto Electoral del Estado de México, le otorgan a Eruviel Ávila, el aspirante priista, una clara y distante ventaja sobre Encinas y Bravo, que seguramente se acortará, pero es sumamente difícil que se revierta debido a la solidez del voto duro priista, con el ingrediente de la atención nacional por considerarse la natural antesala de la contienda presidencial de 2012 y un tiro de calentamiento entre los principales protagonistas.

La división del voto en dos tercios para Eruviel y el resto para los aspirantes opositores ha provocado en éstos un agudizamiento de las diferencias a grado tal que, privilegiando el órgano electoral la garantía ciudadana de postulación, por encima de las suspicacias surgidas en relación con la residencia efectiva de Alejandro Encinas, la representación del PAN en la voz de Francisco Garate anticipó un recurso de inconformidad por no aceptar el dictamen.

El PAN sabe lo que quiere. Desea ir por los votos del PRD en la contienda, conocedor de que en estos momentos el único candidato posicionado es Alejandro Encinas. Además es necesario acrecentar, a cualquier costo, la presencia mediática del aspirante panista. Se basa el alegato del PAN en que Alejandro Encinas, pese a los documentos que presentó, incluyendo su credencial de elector y una carta de residencia, no cumple con la residencia efectiva de cinco años como vecino del Estado de México.

Le reclama incluso el uso de documentos diversos para acreditar residencia en el Distrito Federal para buscar otros cargos de elección popular, ciudad donde hasta diciembre de 2006 fue jefe de gobierno en sustitución de Andrés Manuel López Obrador.

Encinas fue funcionario federal en administraciones priistas, luego integrante del gabinete con Andrés Manuel, a quien sustituye luego.

Este político no es muy desconocido en el Estado de México. En 1993 se le dio por buena su residencia cuando perdió en la misma contienda. Este documento, dieciocho años después, le sirve aún de soporte ante el órgano electoral local al no existir dictamen distinto por parte de algún tribunal.

Estando en segundo y tercer lugares en las preferencias es obvio que la estrategia de Bravo Mena será marcar diferencia por lo pronto con Alejandro Encinas, y posteriormente con Eruviel Ávila. La cuestión es que sólo son 45 días y las preferencias electorales están muy marcadas.

El saldo pudiese ser, únicamente, ahondar la diferencia y el distanciamiento entre PAN y PRD, anticipando de antemano la ruptura del idilio electoral hacia 2012.

http://robertopinon.blogspot.com
Roberto Piñón Olivas.

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