C. Presidente de la República, Presente.-

22/03/2011

 

La desesperación se halla en Durango. La inseguridad y el crimen nos han provocado frustración en una sociedad no acostumbrada a la violencia en sus calles y barrio.

El narcotráfico resultó un pulpo con tentáculos más prolongados y violentos de los previstos. La realidad cruel revela que trastoca la vida y seguridad integral y patrimonial de todos sin excepción.

La agudeza del problema cambió la vida de los duranguenses para mal. Tomar medidas de seguridad que antes considerábamos exageradas, hoy son insuficientes. Todos hemos presenciado alguna escena de muerte o nos han robado o defraudado. Nadie escapa.

Todos los oficios son peligrosos, pero los que se relacionan con el interés público –políticos y periodistas- deben tomar medidas para demarcarse del crimen, los resultados son reveladores: presidentes municipales, diputados y reporteros asesinados o “levantados”.

Los hombres de dinero buscando su seguridad han abandonado, junto con sus inversiones, los poblados al interior de Durango, en algunos casos la capital y La Laguna. Dos víctimas de renombre: Francisco Javier Saravia Saravia y Jorge Arturo Pérez Gavilán.

Dos sectores sensibles como el de los médicos y abogados han sido violentados con secuestros, extorsiones y asesinatos. Las víctimas todos los conocemos. Todo se sabe en Durango.

La corrupción no tiene fronteras, pero es escandalosa cuando los que tienen en su oficio la seguridad de todos están coludidos, por no decir que son parte de las gavillas de ladrones y traficantes. Nuestras corporaciones se han vuelto enemigos del ciudadano común. Nadie en esta entidad espera amparo o protección de sus autoridades. Debe existir un cambio sustancial.

Las inversiones llegarán cuando la corrupción y la sangre bajen en las calles de Durango.

Le invito que platique con cualquiera de nosotros, el duranguense que tiene su tiempo  invertido en el trabajo y el cuidado de su familia. La frase más repetida en la esquina y el café: ya no vivimos en aquel Durango tranquilo.

Los crímenes son azuzados por el interés desmedido de poder y dinero. Ellos deben ser parados.

Sr. Presidente no tuerza el camino de legalidad que ha emprendido. Le pedimos seguridad y justicia.

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