Clinton se distancia de Obama por su política comercial

16/06/2015

La candidata demócrata insta al presidente a escuchar las críticas de su partido

El tratado comercial que negocia Estados Unidos con otros 11 países de la cuenca del Pacífico es impopular en el Partido Demócrata y en sus bases sindicales y medioambientales. Se evidenció el viernes con el bloqueo de la Cámara de Representantes a la concesión de autoridad (el llamado fast-track o vía rápida) al presidente estadounidense, el demócrata Barack Obama, para negociar directamente acuerdos comerciales. Y Hillary Clinton lo sabe. La favorita a la nominación demócrata a las elecciones presidenciales de 2016 marca distancias con Obama en ese asunto.

“Creo que una de las vías en las que el presidente puede obtener la autoridad de fast-track es abordando las preocupaciones legítimas de los demócratas que son potenciales votantes del sí […], ver qué se podría modificar”, dijo Clinton este lunes en declaraciones a los periodistas tras un acto electoral en New Hampshire.

La candidata fue más explícita la víspera en un mitin en Iowa. “El presidente debería escuchar y trabajar con sus aliados en el Congreso, empezando por Nancy Pelosi [la líder demócrata de la Cámara que defendió bloquear la concesión de autoridad a Obama]”, afirmó. “Y si no lo conseguimos, no debería haber acuerdo”.

Clinton afronta un difícil juego de equilibrios, en que se entremezclan opiniones pasadas, lealtades personales y presión electoral
La Cámara podría volver a votar esta semana el plan de ayuda a trabajadores afectados por tratados comerciales, pero por ahora no se vislumbra un cambio de criterio relevante en las filas demócratas. En una humillación para Obama, una amplia mayoría de representantes demócratas rechazaron el viernes el plan. Consideraban que aprobarlo suponía apoyar al acuerdo comercial con los países del Pacífico (TPP, por sus siglas inglesas), cuyas economías suman el 40% del PIB mundial. Temen que el acuerdo desencadene despidos por deslocalizaciones, rebajas salariales y un auge de los beneficios empresariales.

Clinton afronta un difícil juego de equilibrios, en que se entremezclan opiniones pasadas, lealtades personales y presión electoral. En 2012, cuando era secretaria de Estado de Obama, calificó el TPP de “patrón oro”. Entonces el tratado era modélico. Clinton lo defendió como un pilar esencial en la estrategia de viraje diplomático hacia Asia para contener el ascenso chino en la región.

Ahora, como candidata, es más cauta. Sugiere que es necesario un mejor acuerdo comercial para los trabajadores estadounidenses. Y recuerda que en su libro de memorias, publicado el año pasado, ya manifestaba algunos recelos con las negociaciones. En el libro también cuestionaba decisiones en política exterior de Obama. Con esas posiciones, junto a su retórica populista sobre la desigualdad de ingresos entre ricos y pobres, Clinton busca controlar las embestidas de los rivales a su izquierda y mantener el apoyo de las bases demócratas.

Creo que una de las vías en las que el presidente puede obtener la autoridad de ‘fast-track’ es abordando las preocupaciones legítimas de los demócratas que son potenciales votantes del ‘sí'”
Hillary Clinton, candidata electoral demócrata
A su vez, la favorita en las encuestas es calculadamente ambigua. “Voy a esperar y ver cuál es el acuerdo, y luego diré qué opino”, dijo este lunes. La ausencia de un criterio definido sobre el TPP le ha valido críticas de dos de los aspirantes demócratas a la Casa Blanca, Martin O’Malley y Bernie Sanders, que hacen bandera de su oposición al tratado.

La ambigüedad permite a la exsecretaria de Estado evitar un desaire a Obama, que lo derrotó en 2008 en la primaria demócrata a las elecciones y que, con la mirada puesta en su legado, ha hecho del TPP una de sus prioridades en la recta final de su presidencia. Pero la línea es fina: el apoyo explícito de Clinton a Pelosi supone un dardo al presidente, que se desplazó al Capitolio horas antes de la votación del viernes para tratar de convencer a los congresistas demócratas.

La falta de concreción también le permite a la candidata mantener la lealtad hacia su marido, el expresidente demócrata Bill Clinton, que en 1993 defendió y firmó como ley el acuerdo de libre comercio con México y Canadá (Nafta, por sus siglas inglesas). Los políticos demócratas, sindicatos y grupos medioambientales contrarios al acuerdo comercial del Pacífico esgrimen los efectos del Nafta en la economía como un argumento de rechazo.

El País

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