¿Cómo ganar “carro completo” ?

9/07/2013

Las entidades federativas han madurado a través de los últimos trece años, luego de la caída del sistema presidencialista priista, como unidades de control político amplísimo que ejerce el gobernador en turno, así lo demuestran los resultados de las elecciones estatales, pero muy particularmente Durango.

En general, las políticas lectorales en cada estado presentan características similares. Veamos los cuatro elementos que son comunes en las políticas de los gobernadores, hoy convertidos en amos de su feudo-estado.

La primera de ellas, es la facultad de facto que tienen los gobernadores en la designación personal de los candidatos, las candidaturas que generalmente están en su poder son para diputados locales y federales, senadores y presidentes municipales. La presión que antes ejercían los poderes federales o los grupos de poder dentro del partido o fuera de él, como es el caso de los grupos de dinero, actualmente ya no se ejerce o es medianamente. Quién decide de manera directa y poderosa es el gobernador.

Otra característica, es el uso de la estructura gubernamental, los programas, inauguración de obras y demás eventos, o simplemente el dinero, para hacer ganar a su candidato, enfatizando que quien pone a los candidatos de su partido y, en muchos casos, los partidos chicos es el gobernador en turno. Aunque el Pacto por México, particularmente su adendum haya sido un freno para los funcionarios estatales de operar a favor de los candidatos, el dinero del erario se hizo presente, pero no fueron los departamentos de gobierno quien operó, fueron otros; pero si pagó.

La otra, atiende al principio que el político se hace. Desde recién conformado el gobierno estatal, el mandatario empieza a mover las piezas necesarias para allanar el camino a sus “gallos”. Los medios los tiene a su disposición, todo el aparato estatal, algunos ayuntamientos y, hoy para el PRI, los delegados federales. Sin contar con universidades, sindicatos, la estructura de su partido, etc.

Último, aunque se puede encasillar en otro, le daremos punto aparte a esta característica: el dinero público. Hay que diferenciarlo del dinero particular. Nos referimos al uso discriminado del dinero del erario. Este capital ya no tiene como fin enriquecerse, se hace pero, en este caso, atiende a otro objetivo: ganar elecciones con sus candidatos. Los billetes invertidos en las movilizaciones son escandalosos. El dinero no se puede ocultar, y la manera en que ejerce debe ser denigrante para los pobres.

Con el uso de todos estos recursos el resultado es claro. Los gobernadores tienen la mano en la designación de candidatos y en la conformación de los poderes estatales, incluyendo, claro, a los ayuntamientos y congresos.

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