Cómo pensar la violencia y la inseguridad

28/05/2011

En nuestro Estado ya nos hemos acostumbrado a las noticias diarias sobre la inseguridad y violencia. Pero también ya nos hemos acostumbrado a las balaceras constantes en nuestra ciudad y nuestros pueblos. Nos hemos acostumbrado a refugiarnos en nuestras casas temprano, no por buena costumbre para descansar o para convivir, sino por temor.

Los hechos los comenta la gente, no porque lo hayan escuchado en los medios (radio, televisión), sino porque lo ha visto, y quizá le haya tocado estar en medio de un operativo, o una balacera, o sea vecino del lugar donde en 7 narcofosas se han encontrado 223 muertos aquí en Durango, o porque haya desaparecido o secuestrado un familiar, o porque tiene familiares en el CERESO, o porque lo han asaltado, o porque le han robado su auto o su casa, o porque le han llamado para extorsionarlo, etc.

Un hecho que se vive prácticamente en todo el país. La seguridad es la preocupación más importante de los ciudadanos, según nos lo revela el INEGI en sus continuos informes sobre las Encuestas del Índice de percepción sobre la Seguridad Pública. Existe un mayor temor y disminuye la confianza sobre si la situación va a mejorar. A nosotros como pastores, que vivimos cerca de nuestro pueblo, nos consta este temor y desconfianza. Lo escuchamos constantemente. El Estado de Durango está clasificado como uno en los que se registran mas hechos de violencia, asesinatos, desaparecidos, balaceras, secuestros, narcofosas.

En lo personal me preocupa la visión que se tiene sobre lo que estamos viviendo y sobre como enfrentar este hecho. He escuchado decir que la violencia y la inseguridad se solucionarán creando puestos de trabajo, trayendo empresas para que generen más riqueza y trabajo. Buscando mayores inversiones económicas. Que con trabajo y educación viviremos más en paz. Se afirma que una mayor presencia de las fuerzas armadas del Ejército mexicano será la solución, pero la realidad es que ya no infunde seguridad y confianza en el pueblo. Y la organización de una policía capacitada, bien pagada, y sin conexiones con el crimen organizado, todavía no la tenemos. Pienso que estas afirmaciones, en ves de animarnos, crean una mayor frustración, desesperanza, indiferencia, y resignación. Y si estas afirmaciones vienen de parte de los gobernantes, pues qué espera nuestro pueblo?

La inseguridad y la violencia no son hechos aislados, es “…una situación que se ha vuelto habitual, estructural, que tiene distintas mani­festaciones y en la que participan diversos agentes; se ha convertido en un signo de nuestro tiempo que debemos discernir…”, dicen los obispos mexicanos, en la Exhortación Pastoral, “Que en Cristo nuestra paz México tenga vida digna”. La violencia cau­sada por organizaciones criminales tiene sus propias características, sus causas y sus circunstancias.

La violencia, que tiene su origen en las actividades de la delincuencia or­ganizada, es una realidad comple­ja, difícil de explicar en una sencilla relación de causalidad; es una realidad multidimensional, que toca distintos ámbitos de la vida, en los que debemos descubrir los factores que contribuyen a su existencia y sobre los que se debe intervenir, para prevenirla, atenuar sus efectos y atender a las personas más vulnerables.

La inseguridad y la violencia la han generado diversos factores: la cuestión económica, sin duda, la desigualdad, la pobreza, el desempleo, los bajos salarios, la discriminación, los niveles inhumanos de vida, el abandono del campo en nuestra entidad, generan violencia. En el mundo de la política: la corrupción y la impunidad, que no han desaparecido; la procuración de justicia; el sistema penitenciario; la presencia de las fuerzas armadas para combatir al crimen organizado que ha sido cuestionada fuertemente. En la vida social: la violencia intrafamiliar; violencia contra las mujeres; la violencia infantil, los adolescentes y jóvenes, un sector al que más ha afectado; la vida comunitaria, la convivencia, ha sido afectada, las personas y las familias, para protegerse, se refugian, se encierran, se aíslan, encerrándose en el individualismo y la desconfianza, en el enojo, en el resentimiento y en el deseo de venganza. Las familias han emigrado de sus comunidades para buscar lugares más seguros. También en el ámbito de la cultura: “Ambiente vital que permite a la persona humana crecer en su ser, crecer en humanidad”; en el “modo de ser” de los mexicanos existen antivalores y actitudes negativas que generan violencia. La crisis de valores éticos, el predominio del hedonismo, del indivi­dualismo y competencia, la pérdida de respeto de los símbolos de autoridad, la desvalorarización de las instituciones (educativas, religiosas, políticas, judi­ciales y policiales) los fanatismos, las actitudes discriminatorias y machistas, son factores que contribuyen a la adquisición de actitudes y comportamientos violentos. La emergencia educativa que se vive en México, la influencia de los Medios de comunicación social, la pérdida de los valores religiosos.

Es un fenómeno complejo y multidimensional. No se puede atribuirla a una sola causa, hacerlo sería inge­nuo y nos llevaría a pretender, también con ingenuidad, tener una única solución a una problemática tan vasta y complicada. Es un problema de salud pública. Esto implica reconocer que el esfuerzo por erradicarla debe ser multidimensional; que se requiere un diagnóstico interdisciplinar que identifique los principales factores de ries­go sobre los que hay que intervenir y que es necesaria la cooperación de todos los sectores públicos y sociales para abordar el problema de la vio­lencia mediante la acción colectiva, con estrategias diversas adoptadas por todos, cada quien, según el ámbito de la propia competencia.

Son tres los aspectos que se deben atacar para erradicar la violencia e inseguridad: primero, la crisis de legalidad que vivimos: La impunidad que existe en todos los ámbitos de gobierno. Debemos respetar las leyes para una mejor convivencia social. Existe una corrupción generalizada. La pregunta es ¿existe un proyecto para erradicar la corrupción y la impunidad? Segundo, El debilitamiento del tejido social: La fragmentación social, la frágil cohe­sión social, el individualismo y la apatía han introducido en distintos ambien­tes de la convivencia social la ausencia de normas, que tolera que cualquier persona haga lo que le venga en gana, con la certeza de que nadie dirá nada. Cual es la estrategia que se está siguiendo para lograr una mejor cohesión social, iniciando desde la familia?  Tercero, La crisis de moralidad: Cuando se debilita o relativiza la experiencia religiosa de un pueblo, se debilita su cultura y entran en crisis las instituciones de la sociedad con sus consecuencias en la fundamentación, vivencia y educación en los valores morales.

El próximo viernes 4 de junio iniciamos en esta ciudad de Durango, Sede de la Arquidiócesis de Durango, un NOVENARIO DE EXPIACIÓN, para pedir perdón y hacer penitencia por nuestros pecados, ya que hemos alejado a Dios de nuestras vidas, de nuestras familias, del mundo económico, del mundo político, de la educación…

 

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