El Covid-19 y sus tratamientos

Relataré los comentarios de diversos médicos con amplia experiencia en el manejo de esta terrible pandemia del Covid-19 que es causa de una alarmante mortalidad.

“Los pacientes que sufren complicaciones graves del Covid-19 y que son tratados con anticoagulantes tienen la mitad de probabilidad de morir que los que no reciben este tipo de fármacos”, según una investigación liderada por el cardiólogo Valentín Fuster en la red de hospitales Mount Sinai, de Nueva York.

A raíz de esta investigación, los hospitales neoyorquinos han cambiado la manera de tratar la enfermedad y ahora administran anticoagulantes a todos los pacientes que ingresan por Covid-19, excepto en los casos en que estos fármacos están contraindicados. Un anticoagulante es una sustancia endógena o exógena que interfiere o inhibe la coagulación de la sangre, creando un estado antitrombótico o prohemorrágico (o “adelgaza” la sangre) – Conocer al enemigo “Nunca había visto nada parecido a lo que hace este virus”, reconoce el colega cardiólogo, “Los fármacos antivirales como el Remdesivir son muy importantes para actuar contra el virus, pero no son suficientes para tratar las manifestaciones graves de la infección, que son las que pueden causar la muerte de los pacientes”, relata el autor, que ha organizado la investigación.

Remdesivir es un medicamento antiviral, un nuevo profármaco 2 que pertenece al grupo de los análogos de nucleótidos. Puede acortar el tiempo que lleva recuperarse de la infección. La vía de administración es mediante inyección intravenosa.

Actualmente se encuentra en estudios experimentales con pacientes con Covid-19. Sin embargo, en un estudio realizado en hospitales del estado de California, cuyo investigador, el doctor Jonathan Grein y recién publicado este mes, concluye: “En esta cohorte de pacientes hospitalizados por Covid-19 grave que fueron tratados con Remdesivir de uso compasivo, se observó una mejoría clínica en 36 de 53 pacientes (68%). La medición de la eficacia requerirá ensayos aleatorios en curso controlados con placebo de la terapia con Remdesivir”.

A partir de abril de 2020, la Universidad Johns Hopkins considera que Remdesivir es el tratamiento más prometedor para Covid-19 y hay al menos siete ensayos clínicos en curso o planificados por separado. PERO… Un estudio del Hospital de la Amistad China-Japón establece sin embargo que el fármaco “no ha aportado ningún beneficio comparado con el placebo (substancia sin efectos)” (the lancet.com/lancet/article/PIIS0140-6736(20)31022-9).

Todos estos comentarios y discusión bien fundamentados desde el punto de vista científico son perfectamente compresibles para los profesionales de la salud, pero el público en general nos clama: ¿Cuánto durará esta pandemia? ¿Cuándo encontraremos un tratamiento o vacuna? ¿Qué medicamento debemos de tomar? ¿Nos quedaremos sin equipo de protección personal? ¿Cuándo volverán todos al trabajo? Nos encontramos en una época de gran incertidumbre económica, social y médica. Ante una crisis “Entonces, ¿qué hacemos? Cualquier cosa.

Alguna cosa… Si lo arruinamos, comencemos de nuevo. Intenta otra cosa. Si esperamos hasta que hayamos satisfecho todas las incertidumbres, puede ser demasiado tarde del mismo modo, “Toma un método y pruébalo. Si falla, admítelo con franqueza y prueba con otro. Pero, por supuesto, intenta algo”. Aunque un enfoque de prueba y error puede ser apropiado. Aun cuando reconocemos que el mundo ahora se siente extraño y que nosotros los médicos somos susceptibles a las ansiedades humanas, debemos recordar aceptar la incertidumbre racionalmente y tener cuidado con las posibles consecuencias indeseables de nuestro deseo instintivo de ver patrones en lo que puede ser una casualidad aleatoria.

Nuestra misión como sanadores, en una situación como la pandemia de Covid-19, nos hace sentir obligados a hacer algo. Sin embargo, como médicos capacitados en el método científico, nos comprometemos a practicar la medicina basada en la evidencia, que se basa en la capacidad de interpretar informes científicos sobre supuestos avances diagnósticos y terapéuticos.

Necesitamos mantener un escepticismo saludable y recordar el principio de equilibrio clínico, particularmente cuando consideramos intervenciones que podrían causar daño. De lo contrario, en nuestro esfuerzo por “hacer el bien” para nuestros pacientes, podemos ser víctimas de sesgos cognitivos y errores terapéuticos. “Primum noli nocere”. ¡Primero no hagas daño!

tomymx@me.com

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