No le basto a este heredero bastardo de Napoleón III, Nicolás Sarkozy, el Cerro de la Campanas, donde la campiña mexicana se nutrió de hematíes de los “nobles” de Habsburgo-Lorena, Si, Maximiliano recibió un juicio justo ante tribunales militares en ausencia de tiempo, celebrado en el Teatro Iturbide por un coronel y seis capitanes, sin derecho a apelaciones y con base en un interrogatorio que en su mayor parte el emperador se negó a contestar, alegando que eran cuestiones meramente políticas, los revolucionarios lo condenaron a muerte.
Fue fusilado en el Cerro de las Campanas de la ciudad de Querétaro el 19 de junio de 1867, junto con los generales conservadores Miramón y Mejía. Las últimas palabras del emperador fueron que le entregasen a su muy querida esposa el reloj que si ella vive, y dígale que mis ojos se cierran con su imagen que llevaré al más allá.
Lleven esto a mi madre y díganle que mi último pensamiento ha sido para ella. El Emperador de México, segundos antes de recibir las descargas del pelotón de fusilamiento, entregó una moneda de oro a mi sangre, que está a punto de ser vertida, se derrame para el bien de este país; voy a morir por una causa justa, la de la independencia y libertad de México. ¡Que mi sangre selle las desgracias de mi nueva patria! ¡Viva México!. Maximiliano, que había suplicado no se le lastimase la cara, separó su rubia barba con ambas manos echándola hacia los hombros, y mostró el pecho. No sucumbió en el acto, y se advirtió, porque ya caído pronunció estas palabras: Hombre, hombre. Entonces se adelantó un soldado para dispararle el golpe de gracia, con el cual exhaló el último aliento.
Así concluyó el Imperio, que por el escándalo que su creación había causado al mundo, atrajo sobre México las miradas de todas las naciones. A la muerte de Maximiliano y de sus generales, sucedieron momentos de un silencio solemne, que fue interrumpido a poco por las voces de mando y por los toques marciales con que las tropas regresaban a la ciudad; y algunas horas después, no quedaban al pie del Cerro de las Campanas más que tres cruces pequeñas, fijadas en los lugares de la ejecución, como señal de la justicia nacional, pequeño extracto de la épica historia que seguramente es ignorada por la actual cancillería francesa, ya que una de sus súbditos viene a delinquir al País, a la cual es aprendida, juzgada y sentenciada por el delito de secuestro… Y este timorato presidente de La Francia, Sarkozy, inicia su show mediático cuando vino a México en visita oficial, en 2009, pensaba regresar a París con ella en su avión, sino por la inusual participación de la clase política francesa.
La cual vuelve a quedar liquidada por la férrea decisión del poder judicial, y jamás doblegarnos ante la arrogancia, soberbia y despótica conducta esquizofrénica francesa, Sarkozy ha tomado el caso para mejorar sus bajos niveles de popularidad, y mezcla un tema de política interna con la relación bilateral; por lo que el anuncio del mandatario de dedicar los actos a la delincuente es una humillación que lastima a todos los mexicanos, y estamos de plácemes ya que el gobierno ha respondido con toda dignidad, como la cancelación de los festejos de México y el abandono del embajador Icaza del Senado Francés. Lacrimae nobis deerunt antequam causae dolendi “Antes nos faltarán las lágrimas que los motivos de derramarlas”. Jóvenes Volver A Pensar
Tomas Bermúdez Izaguirre
Correo electrónico: tomymx@hotmail.com
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