“Durango necesita políticos auténticamente cristianos”

23/02/2013

En nuestro Estado de Durango, como en otros Estados de la República, se está iniciando el proceso electoral que concluirá con las votaciones que elegirán a los presidentes municipales de los 39 Municipios y se renovará el Congreso del Estado. Los distintos partidos políticos están en pleno proceso interno de designación de sus candidatos.

Los fieles laicos o seglares, son los fieles que no son miembros del clero. El laico en la Iglesia católica es una auténtica vocación. El contenido de esta vocación es la santificación de las obligaciones ordinarias del cristiano y, en primer lugar, las familiares. Su vocación consiste en “iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de tal manera que se realicen continuamente según el espíritu de Jesucristo y se desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor” (Lumen Gentium n. 31). Forma parte de esta vocación el apostolado, entendido como deber de acercar almas a Dios. “Ejercen el apostolado con su trabajo por evangelizar y santificar a los hombres, y por perfeccionar y saturar de espíritu evangélico el orden temporal, de tal forma que su actividad en este orden dé claro testimonio de Cristo y sirva para la salvación de los hombres. Dios llama a los seglares a que, con el fervor del espíritu cristiano, ejerzan su apostolado en el mundo a manera de fermento” (Apostolicam Actuositatem, no. 2)

Los laicos para cumplir su vocación son acompañados por la Iglesia a lo largo de su vida, en ella se les proclama la Palabra de Dios, por los Sacramentos son purificados por el perdón y la reconciliación, ofrecen y reciben en el altar el alimento del Cuerpo y la Sangre del Señor y elevan su oración al Padre. De este misterio de comunión los fieles laicos sacan la energía profunda para ser testigos de Cristo en su vida diaria, en todas sus actividades y ambientes.

El campo de acción de los laicos es el “mundo” en todas sus dimensiones, y están llamados a ser “testigos de Cristo en la comunidad política”. Cumpliendo sus deberes civiles comunes, los fieles laicos desarrollan sus tareas propias de animar cristianamente el orden temporal, cooperando con los demás ciudadanos, según la competencia específica y bajo la propia responsabilidad. Los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la “política”; es decir, en la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común, que comprende la promoción y defensa de bienes tales como el orden público y la paz, la libertad y la igualdad, el respeto de la vida humana y el ambiente, la justicia, la solidaridad, etc. (Joseph Ratzinger. Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, 2002)

La Misión de la Iglesia en este campo es “emitir un juicio moral también sobre las cosas que afectan al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, aplicando todos y sólo aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos, según la diversidad de tiempos y condiciones” (Gaudium et spes, 76).

La Iglesia se concentra de modo especial en educar a los discípulos de Cristo, para que sean cada vez más testigos de su presencia en todas partes. Toca a los fieles laicos mostrar concretamente en la vida personal y familiar, en la vida social, cultural y política, que la fe permite leer de una forma nueva y profunda la realidad y transformarla; que la esperanza cristiana ensancha el horizonte limitado del hombre y lo proyecta hacia la verdadera altura de su ser, hacia Dios; que la caridad en la verdad es la fuerza más eficaz capaz de cambiar el mundo; que el Evangelio es garantía de libertad y mensaje de liberación; que los principios fundamentales de la doctrina social de la Iglesia (dignidad de la persona humana, la subsidiariedad y la solidaridad), son de gran actualidad y valor para la promoción de nuevas vías de desarrollo al servicio de todo el hombre y de todos los hombres.

Les compete a los fieles laicos, participar activamente en la vida política de modo siempre coherente con las enseñanzas de la Iglesia, compartiendo razones bien fundadas y grandes ideales en la democracia y en la búsqueda de un amplio consenso con todos aquellos a quienes importa la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la búsqueda del bien común. De acuerdo con la enseñanza de la Iglesia, la política es un ámbito muy importante del ejercicio de la caridad. Esta pide a los cristianos un fuerte compromiso en favor de la ciudadanía, de los pobres, de los necesitados. Se necesitan políticos auténticamente cristianos, pero que antes, sean fieles laicos que sean testigos de Cristo y del Evangelio en la comunidad civil y política.

El Papa Benedicto XVI los invita a hacer suyo este desafío exigente. Los tiempos que estamos viviendo nos sitúan ante problemas grandes y complejos, y la cuestión social se ha convertido, al mismo tiempo, en cuestión antropológica. Se han derrumbado los paradigmas ideológicos que, en un pasado reciente, pretendían ser una respuesta “científica” a esta cuestión. La difusión de un confuso relativismo cultural y de un individualismo utilitarista y hedonista debilita la democracia y favorece el dominio de los poderes fuertes (Discurso a los Participantes de la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para los laicos, 2010).

Hay que recuperar y vigorizar de nuevo una auténtica sabiduría política, teniendo presente que la política es también un complejo arte de equilibrio entre ideales e intereses, pero sin olvidar nunca que la contribución de los cristianos sólo es decisiva si la inteligencia de la fe se convierte en inteligencia de la realidad, clave de juicio y de transformación. Hace falta una verdadera “revolución del amor”. Las nuevas generaciones de políticos tienen delante de sí grandes exigencias y desafíos en su vida personal y social.

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