Entre crisis y elecciones.

15/08/2011

México ha transitado, en este inicio de siglo desde la crisis financiera desatada a mediados de 2008 hacia una nueva etapa crítica que encuentra su clímax con la recalificación de la deuda soberana de los Estados Unidos. Durante los meses de convulsión de 2008-2009, el meollo del problema estaba en el alto endeudamiento privado contraído con hipotecas de baja calidad. Ello había llevado a la insolvencia, como un efecto dominó, a gran parte del sistema financiero mundial.

Los gobiernos y los bancos centrales concurrieron en ayuda utilizando recursos fiscales y reservas en montos casi desproporcionados con sus posibilidades. Se privilegió la neutralización de los efectos recesivos por sobre la consideración del riesgo moral o de la penalización de quienes no había calibrado debidamente el daño que podían ocasionar a los ahorradores. Los gobiernos, y en última instancia los contribuyentes, debieron pagar los platos rotos.

Esto parecía terminar con la crisis ya en el segundo semestre de 2009, en momentos en que comenzaron a observarse signos de reactivación. Sin embargo, emergía una segunda etapa de la crisis. Ya en las épocas del crédito barato y abundante y antes del rescate, los gobiernos habían comenzado a expandir sus gastos más allá de lo prudente. George W. Bush, que había heredado una situación de superávit fiscal, venía aplicando una política de reducción de impuestos en tanto tenía que enfrentar un crecimiento de los gastos en salud y se había embarcado en onerosas operaciones de guerra en Afganistán e Irak.

Los aportes al rescate de bancos, financieras y algunas empresas catapultaron el déficit fiscal y la deuda pública a niveles inéditos. La trabajosa discusión de Barack Obama con los legisladores de la oposición (y del Tea Party) para que el Congreso autorice un incremento del tope de deuda puso en los medios la evidencia de la falta de previsión. La baja de la calificación parece así una irremediable consecuencia de una situación que ahora las calificadoras no quieren dejar de advertir para no volver a mostrar la negligencia de su actuación superficial y tardía en 2008. La crisis fiscal se hizo también evidente y casi patética en gran parte de los países europeos. Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia exponen altas cifras de déficit fiscal y deudas gubernamentales.

El mantenimiento de la política económica actual (a pesar del blindaje de 200 000 mdd) nos expone a sufrir las consecuencias de la crisis internacional cuando podríamos eludirlas y hasta aprovecharlas. Sin embargo la proximidad de la elección presidencial, “La grande” permite jugar con el mercado electorero,otro capital político propagandístico, además de la inseguridad, la cobertura total de salud (?), y las demás cifras maquilladas del empleo, en este país de las maravillas si erradicamos la tuberculosis por decreto también con un plumazo vamos a minimizar a los pobres del país, y vamos hasta ahorrar con seis mil pesos mensuales, según un miembro de la Corte Real. (Léase gabinete).¿Sería capaz la clase política de sacrificar la economía del país con el fin de llegar y/o conservar el poder?Pro lucri, pállida tabes!  “¡Oh, vergonzosa plaga de la avaricia!”

 

Tomas Bermúdez Izaguirre

Correo electrónico:Tomymx@hotmail.com

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