La confesión de Rosalío Reta, de 18 años de edad, es contundente: “Fui preparado sólo para matar”.
Y en tal aprendizaje tuvo como maestro a Miguel Treviño Morales, El 40, señalado por la PGR, el Ejército y la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA) como uno de los más violentos jefes del cártel del Golfo.
De origen estadounidense, Rosalío comenzó su carrera criminal a los 11 años.
Las autoridades del país vecino lo buscaban por varios homicidios.
Por esa razón, a los 13, decidió trasladarse a Nuevo Laredo, Tamaulipas, y luego fue comisionado al grupo de Los Zetas en Monterrey, donde formó parte de un grupo de jóvenes sicarios.
Durante años operó de manera sigilosa hasta la noche en que lo detuvo la policía de Santiago, Nuevo León, en 2006. Desde su confinamiento en el Consejo Estatal para Menores pactó con la DEA para proteger su vida a cambio de entregar información.
Como Rosalío Reta, varios jóvenes entre 15 y 18 años son objetivo frecuente de reclutamiento del narco.
“Estamos ante una nueva generación de narcotraficantes, más jóvenes y quizá más violentos, por los niveles de desintegración social y familiar que se viven”, advirtió el especialista del Instituto Nacional de Ciencias Penales, Martín Barrón.










