El arzobispo Norberto Rivera Carrera pidió a delincuentes dejar de matar y corromper; si reparan el mal que han hecho, tienen una esperanza de perdón, afirma.
El cardenal Norberto Rivera Carrera demandó a los delincuentes respetar la vida humana y les exigió dejar de matar, extorsionar y corromper.
“Hago un llamado enérgico y a la vez suplicante a los criminales para que se conviertan. Los exhorto en el nombre de Dios a que dejen de hacer el mal y aprendan a hacer el bien, a que cesen en su ambición y codicia”, dijo ayer al oficiar la Misa Crismal en la Catedral Metropolitana.
“Les recuerdo a los criminales que también ustedes tienen una esperanza de perdón si se arrepienten y reparan el inmenso mal que han hecho; pero también les reitero que si se empecinan en su maldad y en su pecado, no alcanzarán misericordia ni podrán escapar de la justicia de Dios”, afirmó el arzobispo.
La Iglesia les exige a criminales ya no matar
Al oficiar la Misa Crismal en la Catedral de la Ciudad de México, el cardenal Norberto Rivera Carrera llamó a los delincuentes a aceptar la doctrina cristiana y dejar de matar y corromper
“Hago un llamado enérgico y a la vez suplicante a los criminales para que se conviertan. Los exhorto en el nombre de Dios a que dejen de hacer el mal y aprendan a hacer el bien, a que cesen en su ambición y codicia, a que dejen de matar, extorsionar y corromper, y a que respeten la vida humana. La vida humana es sagrada”, enfatizó.
“Nadie puede destruir la vida o vejarla sin ofender a Dios y emprender el camino de la condenación eterna. Les recuerdo a los criminales que también tienen una esperanza de perdón si se arrepienten y reparan el inmenso mal que han hecho, pero también les reitero que si se empecinan en su maldad y en su pecado no alcanzarán misericordia ni podrán escapar de la justicia de Dios”, agregó.
Ante los obispos auxiliares, canónigos y sacerdotes de la Arquidiócesis de México, sostuvo que hoy más que nunca deben cumplirse los mandamientos bíblicos que indican “no matarás, no robarás y no codiciarás el bien ajeno”.
Destacó que el país no saldrá de la crisis de violencia en tanto no se siembren nuevamente los preceptos cristianos y los valores entre todos los mexicanos, empezando por los más pequeños.
“A nosotros nos toca sembrar no cualquier valor, sino los del Evangelio, que nos abre las puertas de la misericordia, de la conversión y del amor”, dijo.
“Más fuertes que la violencia”
Norberto Rivera también criticó a las autoridades corruptas, que “pudiendo hacer algo sólo contemplan o huyen”, y dijo que aunque México parezca derrotado, el amor y el perdón son más fuertes que la violencia.
“México parece ser una sociedad derrotada que se hunde en el miedo y en la desesperación, que se siente atrapada en una espiral de violencia y egoísmo, de corrupción sin límites. Y nosotros, ministros del Señor, pastores de su pueblo, no podemos quedar al margen de las ovejas que el Señor nos ha confiado.
“El buen pastor, nos dice Jesús, no es el que huye ante el peligro, sino el que ahuyenta al lobo y arranca a las ovejas de sus fauces. Y nuestra misión que es primordialmente espiritual, consiste en preservar la fe del rebaño, en darle ánimo y esperanza”, indicó.
Ante unos 600 sacerdotes, religiosas, seminaristas y varios centenares de laicos, el arzobispo arremetió contra el origen del mal y aseguró que la Iglesia “sigue siendo víctima de una descomunal violencia en sus miembros, los fieles cristianos”.
“Cuántas veces hemos gritado en medio de nuestro miedo y dolor ‘¡Basta ya!’, pero el grito de miles de nuestros hermanos no alcanza a romper la sordera de los criminales, de las autoridades corruptas, de la ambición desmedida de quienes tienen como dios al dinero, la codicia, origen diabólico de tantas calamidades y sufrimientos.”
Norberto Rivera Carrera recalcó que “ya no hay compasión, la exhibición y comercialización morbosa de tanta maldad nos ha vuelto indolentes, se hace de las víctimas números y estadísticas, olvidando que se trata de personas, las cuales, aun después de muertas, tienen dignidad y merecen ser tratadas con respeto. Se olvida que tienen una familia que sufre su irreparable pérdida”.
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