LA VIRGEN DE GUADALUPE

6/12/2013

Tomas Bermúdez Izaguirre

Correo electrónico: tomymx@me.com

“El día en que no se adore a la Virgen del Tepeyac en esta tierra, es seguro que habrá desaparecido no sólo la nacionalidad mexicana, sino hasta el recuerdo de los moradores del México actual”. (Ignacio Manuel Altamirano).

Una vez más, desde que se apareció el 12 de diciembre de 1531 al indio Juan Diego Cuauhtlatoatzin, en el Tepeyac. Le pidió recoger algunas rosas y dárselas en un ayate al obispo de México Juan de Zumárraga. Cuando este sacerdote extendió el manto vio que tenía una imagen de la Virgen María con rasgos indígenas. Con el paso de los años la ermita se convirtió en un gran centro de peregrinación para los indios recién convertidos y para gente de todas las razas y condición social. Hoy en día sus devotos le rinden culto en la Basílica de Guadalupe y se considera “Reina de México y Emperatriz de América”. La Virgen de Guadalupe es señora de la historia patria, cierto, pero esta cualidad debe afirmarse en el atributo fundamental que es su maternidad sobre todos “los moradores de esta tierra”. Maternidad que se manifiesta en su ternura, compasión, auxilio, defensa, protección y en general todos aquellos ligados con la incondicionalidad del amor materno. Como madre, a todos acepta sin distinción de raza, color, condición social ni origen étnico. Ante ella, como ante Dios, todos son iguales. Cuantos a ella acudan encontrarán un trato personal y diferenciado. Lo que vale para los individuos, vale para la nación entera. México, en virtud de esta maternidad, deviene en pueblo especial, diferente a todos los demás. La Virgen de Guadalupe dio al pueblo mexicano su ser esencial. Por ella se hizo la “mezcla de razas” que generó una nueva, la mexicana. La Virgen María de Guadalupe es la madre de un pueblo mestizo de profunda tradición católica, que ve de igual a igual a todas las naciones del mundo, que se abre generoso al progreso. Ella preside historia y futuro en su calidad no sólo de madre, también de soberana. La Virgen María es, por voluntad de Dios, la reina soberana del universo. Por disposición providencial es madre de los mexicanos quienes reconocen tal condición en la Virgen María de Guadalupe y la coronan. Ella es, pues, la “reina social de México”, de igual modo en que Cristo es Rey. El día 12 de octubre de 1895 fue coronada la Virgen de Guadalupe, sin duda, el culto más importante de la historia de México. Por su concepción, promoción y ejecución fue obra de los anhelos de la Iglesia mexicana de finales del siglo XIX, representada por sus prelados y feligresía en estrecha comunión con el papa León XIII. El día de la coronación hicieron acto de presencia 40 obispos de toda América, delegados del cuerpo diplomático y todos los sectores de la sociedad e Iglesias mexicanas. Parte importante de la ceremonia fue la procesión que se realizó alrededor del templo guadalupano, celebrada con gran solemnidad y en estricto orden: hasta adelante con cruz alta, ciriales y pértigo, los niños del coro de la colegiata, después, sacerdotes de México y clero de otras diócesis, capitulares de la colegiata y la catedral metropolitana, un grupo de coronas llevadas por sacerdotes, comisionados para el orden del templo, obispos que marchaban según su antigüedad, los prelados extranjeros y, cerrando el cortejo, el arzobispo de México. La procesión recorre la nave central del templo, sale por la puerta poniente al atrio, da la vuelta y vuelve a entrar por la misma puerta, acompañada en todo momento por general repique de campanas. Al momento de salir del templo, una sorpresa. Las rejas del atrio fueron cubiertas de madera para evitar la infracción a las Leyes de Reforma “que ocasionaría el hecho que desde la calle se pudiera ver la procesión”, según disposiciones de la autoridad. Sin embargo, la plaza, las calles, las calzadas, los cerros, las subidas, las azoteas, los balcones se llenaron de fieles quienes acompañaron el sacro desfile hincados y en silencio. La Iglesia católica de México demostró su presencia nacional durante las Celebraciones de la coronación. Articuló un diálogo con las ideas de los liberales en torno a la identidad de la nación y en el centro volvió a colocar a la Virgen de Guadalupe actualizándola con los atributos de señora de la historia, madre del México mestizo y soberana de un México en pleno progreso. Con respeto y Amor. A Ella y a mis Lupitas de aquí y allá… Mutantur próspera vita, non fit morte miser. “La prosperidad cambia en el transcurso de la vida, no se hace uno desgraciado por la muerte”.

 

Deja tu comentario

Loading...

Más información sobre:

loading...

Suscríbete y recibe las noticias en tu correo

* Obligatorio