Los grandes capos mexicanos que andan sueltos

13/07/2015

El Chapo se suma a la lista de los narcos para los que la prisión sólo es un episodio de su larga carrera

Algunos han sido detenidos y soltados más tarde, a otros ni siquiera los encontraron. A la mayoría los han dado por muertos varias veces, sin confirmar nunca oficialmente tal hecho. Entonces, permanecen en un limbo hasta que alguna información los vuelva a matar o los resucite con su arresto. El Chapo se suma a una lista de grandes narcos para los que la prisión sólo es un episodio de su larga carrera. Lo que diferencia a El Señor es que su segunda fuga le ha servido de visado indefinido hacia la leyenda del narcotráfico mundial.

Ismael El Mayo Zambada, el sucesor natural

Tras la segunda caída de El Chapo, se convirtió en el capo con más poder del cártel de Sinaloa. Para la DEA es el narco más poderoso. Su jefe de operaciones, Jack Riley, señaló en una entrevista a la revista Proceso en junio pasado que “la organización que formó es la más sólida, porque ha perdurado en la historia del narcotráfico internacional”.

Pese al protagonismo que ha tenido en los últimos meses el cártel Jalisco Nueva Generación, la DEA lo tiene claro: no alcanza el poder ni el dominio del de Sinaloa. De acuerdo con las estadísticas que posee la DEA y que hizo públicas la revista mexicana, el cártel de Sinaloa es casi el único exportador de la heroína que se consume en todo Estados Unidos. Otras organizaciones mexicanas, como los cárteles del Golfo y de Juárez, así como Los Caballeros Templarios, siguen metiendo drogas, pero a sectores cada vez más reducidos del mercado estadunidense.

Sus socios han ido cayendo. Los del cártel de Tijuana, los Arellano Félix, han ido muriendo o los han detenido. Amado Carrillo Fuentes, El señor de los Cielos, falleció durante una cirugía estética. A El Chapo lo detuvieron dos veces. Pero él no puede decir a qué sabe el penal. Tiene 66 y pese a haber formado parte de la cúpula del narcotráfico mexicano desde los ochenta nunca ha estado en prisión.

En 2010, uno de los referentes del periodismo mexicano, Julio Sherer, a sus 83 años recibió una petición secreta de El Mayo para que lo entrevistara. Y así fue. El narcotráficante invitó a desayunar al reportero. Zumo de naranja, vasos de leche, carne, frijoles, tostadas, quesos. “Sobrepasa el 1.80 de altura y posee un cuerpo como una fortaleza”, escribió Scherer. La publicación de esa charla provocó un fuerte debate en el país sobre los límites de la profesión periodística.

A mediados de los noventa se consolidó el cartel que fundaron Guzmán, Zambada y El Azul, como una federación de carteles con tres familias. Tras la detención de El Chapo, su liderazgo era indiscutible. Pero con la fuga de su socio, digna de película de acción, todo puede cambiar.

Juan José Esparragoza Moreno, El Azul y el discreto

Es el menos conocido de los grandes del cartel de Sinaloa, aunque siempre fue reconocido como uno de los fundadores de la organización, junto con Ismael El Mayo Zambada y El Chapo Guzmán. Su apodo viene del tono de su piel, tan moreno que algunos decían que parecía casi azul. En junio del año pasado se dudó de su muerte, discreta como él, de un infarto. Pero la información nunca se llegó a confirmar, las autoridades mexicanas se limitaron a decir que era “un rumor”.

De 66 años, se crió en Badiraguato, Sinaloa, cuna de otros grandes narcos como el Chapo o Caro Quintero. A los 22 años se unió a Amado Carrillo Fuentes, conocido como el El Señor de los Cielos por su flotilla de avionetas que transportaba a EE UU cantidades industriales de droga. Esparragoza demostró sus cualidades de comerciante temprano en los tratos que Sinaloa cerró con los cárteles colombianos, más necesitados que nunca de la frontera mexicana para llevar cocaína a Estados Unidos. Se ganó la fama de hombre de consenso.

En 2001, después de la muerte de Amado Carrillo, Esparragoza Moreno decidió no competir con Vicente Carrillo Fuentes por lo que abandonó la organización para asociarse con El Chapo Guzmán y El Mayo Zambada en el cártel de Sinaloa.

La primera vez que lo detuvieron fue en marzo de 1986, tras el asesinato Enrique Kiki Camarena, un agente encubierto de la DEA. El 9 de julio de 1990, fue trasladado del Reclusorio Sur a la Penitenciaría del Distrito Federal. Allí fue donde cuentan que hizo levantar una fuente que se encuentra fuera de la prisión porque quería que “la cárcel se viera bonita”, según el testimonio de uno de los presos a un diario local.

En marzo de 1992 se lo llevaron justamente a la cárcel donde acaba de escapar su compañero de negocios: el penal de máxima seguridad de Almoloya de Juárez, hoy llamado del Altiplano. Según el FBI y la DEA, mantuvo el control de las operaciones de su empresa desde la cárcel federal. El Azul salió libre en mayo de 1993. Nunca ha vuelto a prisión.

Rafael Caro Quintero, narco de narcos

Rafael Caro Quintero, narco de narcos. Fue uno de los tres fundadores del extinto cártel de Guadalajara y capturado en 1985 en Costa Rica. Acusado de secuestro y asesinato de Enrique Kiki Camarena, un agente infiltrado de la DEA, pasó 28 años en prisión y fue liberado en 2013, cuando todavía le faltaban 12 para cumplir la condena.

Nació en La Noria, Sinaloa, en 1952, hijo de unos humildes campesinos y llegó a convertirse en pionero a mediados de los setenta del tráfico de drogas a gran escala a Estados Unidos.

La decisión de liberar a uno de los padrinos del resto de narcos mexicanos no sentó nada bien a Estados Unidos. La DEA declaró sentirse “profundamente preocupada” por la decisión del tribunal. El agente Kiki Camarena era uno de los suyos y la investigación que lideró acabó golpeando fuertemente al cartel, ya que culminó con el desmantelamiento de una plantación de marihuana en el rancho El Búfalo. Su asesinato, después de haberlo secuestrado y torturado de manera salvaje, desató una crisis diplomática entre Estados Unidos y México. Ronald Reagan exigió al entonces presidente Miguel de la Madrid que hiciera todo lo posible por detener a los culpables. Pronto se señaló como los responsables del crimen a Caro Quintero y sus dos socios del cartel, los históricos narcotraficantes Miguel Ángel Félix Gallardo y Ernesto Fonseca Carrillo, conocido como Don Neto.

En los casi 30 años que pasó en prisión consiguió esquivar cinco cargos por asesinatos, asociación criminal, secuestro de 4.000 campesinos a los que obligaba a trabajar en el cultuvo de drogas y contra la salud pública. Sin embargo, la única sentencia que realmente cumplió fue 15 años de cárcel por tráfico de marihuana.

El director de una de las cárceles de máxima seguridad en la que estuvo preso lo definió como una persona inteligente, muy engreída, que de repente sacaba el macho mexicano que lleva dentro. “Está impregnado de un narcisismo tal que lo lleva a depilarse las cejas y a desacreditar las actividades culturales y educativas llamándolas mariconadas”, según recogió el periódico Reforma.

Enedina Arellano Félix, la narcomami

Forma parte de la familia fundadora del cártel de Tijuana, los Arellano Félix, que dominó buena parte del narcotráfico en México durante finales del siglo XX y que desató una sangrienta lucha territorial contra el cártel de Sinaloa. Tras la muerte de todos sus hermanos, algunos de ellos responsables del asesinato de decenas de personas, asumió el poder de la organización ya algo debilitada una mujer, Enedina, una de las cuatro hermanas del clan y la más activa en los negocios familiares.

Lo más curioso de esta mujer, de unos 50 años, es que suele pasar desapercibida en los listados de los capos más poderosos de México, pese a que es la líder de un cártel de la frontera. La DEA la define como “discreta”. Es conocida como La Jefa o Narcomami y fue señalada como la mujer más poderosa del mundo de las drogas desde 2008 por la agencia estadounidense.

Su función principal era administrar las finanzas del grupo y tras la detención de su sobrino en 2014, Fernando Sánchez Arellano, El Ingeniero, pasó a negociar con los enemigos acérrimos de su familia, los líderes del cártel de Sinaloa. La guerra entre las dos organizaciones causó miles de muertes en el noroeste de México. Fue entonces cuando Enedina, contadora de profesión se convirtió en la jefa de la organización, aunque existen informes desde 2002 del Tesoro de Estados Unidos que la describen como el cerebro financiero del cártel.

Lo que más la caracteriza es lo que indica una fuente judicial a este periódico: “Ella prefiere llevar un grupo criminal con los menores enfrentamientos posibles”. Es una mujer que habla poco, evita las excentricidades de otros capos y que suele levantarse muy temprano. Siempre ha preferido mantenerse en las sombras. “Es escurridiza, mecánica, discreta, inteligente”, cita el periodista Ricardo Ravelo en una investigación que publicó en 2011.

Con todo, es la mujer más poderosa del mundo de las drogas, según la DEA. Y, como otros grandes, hoy sigue libre.

El País

Deja tu comentario

Más información sobre:

loading...

Suscríbete y recibe las noticias en tu correo

* Obligatorio