Los nubarrones del 18

7/08/2017

Y el tiempo nos alcanzó, la clase política de este – mi país, en efervescencia plena, el reloj comienza a contar cada segundo que pasa, el ayer se encuentra enterrado en el pasado y el futuro ¡Ya está aquí! Finalmente, el destino nos agenció, y viene el gran momento de la liturgia republicana del partido, donde los sectores se unen y el gran elector, señalará con su dedo al nuevo heredero de la corona sexenal, y enseguida viene la “cargada” y centenares de militantes de los tres sectores acuden a mostrar sus respetos y obediencia al “Sr. Candidato” (él siempre fue mi gallo, frase que se cuchichea en un tono bajo y discreto) el nuevo Tlatoani del sexenio se ha materializado, él y sólo él – será el que dirija este país del cuerno de la abundancia para bien de todos sus vasallos, y hasta será capaz de enfrentarse y derrotar al hombre blanco del norte que nos amenaza.

Y, así en ese realismo mágico que vivíamos hace 30 o 40 años nos transcurría la mitológica, obra teatral sexenal que puntualmente los actores llevaban el libreto, cuidado con equivocarse o tratar de improvisar y de cometer herejías en tomar decisiones propias. Generalmente era el mes de septiembre después del “día del presidente” y del magno Grito de independencia con su respectivo desfile militar al día siguiente, cuando en cualquier momento o instante que en ocasiones el gran elector se decidía o hasta diciembre el esperado destape. ¡Que tiempos, Don Simón! Oh – ¿Todo tiempo pasado fue mejor? Diría el de enfrente.

Y, hoy sin la nostalgia dictatorial del pasado en que los tiempos a poco o mucho ha avanzado la cultura democrática del mexicano, que ni las promesas ni las despensas, ni los instrumentos modernos como la tarjeta pre-pagada surta efecto en la decisión electoral, nos tiene a la expectativa si de nuevo dentro del partido del presidente habrá otra especie de “corriente democrática” que haga un ejercicio más equitativo, de tomar en cuenta a las bases, o vayan a salir con la modalidad de “candidato de unidad” o un dedazo disfrazado, porque en la actualidad hay un sentimiento de rechazo hacia el partido del presidente, con una serie de hechos conocidos que menguan su figura ante sus gobernados, y como le llaman una baja en el índice de aprobación, y también prematuramente pronostican una derrota segura del revolucionario, sea quien sea y llegue como llegue su candidato, así de tajante se corea en los distintos medios de la multitud popular, ¿será el próximo año entonaremos el réquiem del sistema fundado por Obregón y Calles?

Ya que este cometió el error mortal de haber dado mucha importancia a la administración y ninguno a la política, por cuidar circunstancias se olvidó del hombre, cuidar la macroeconomía y fincar condiciones para empobrecer al más pobre, además el axioma “Revolución que transa es una revolución perdida” ha dejado tan afásica la corrupción cotidiana que la mitad del cerebro nacional ya no funciona, estamos en la prédica que se dice que no hay gobierno que funcione sin el aceite de la corrupción. Pero la inmensa mayoría de la población no quiere también que se siente en “la silla del águila” un Frankenstein mesiánico. Dura lex- sed lex “La ley es dura, pero es ley”.

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