Nuestra discreta burguesía electoral

26/02/2019

Por: Tomas Bermudez Izaguirre

El término burguesía (del francés bourgeoisie) se utiliza en la economía política y también ampliamente en la filosofía política, la sociología y la historia para designar a la clase media acomodada, aunque su uso inicial y específico en las ciencias sociales o en el ideoléxico (especialmente, en la fraseología marxista) tiene diversas variantes y matices Flaubert nos ayuda desde mediados del siglo XIX a develar los pensamientos y comportamientos de cierta burguesía frente al acto electoral. En su notable Diccionario de tópicos, Gustave Flaubert va recopilando esas definiciones vanas, fatuas, que la burguesía usa para los conceptos fuertes, serios y trascendentes, aunque también incluye de los otros. Precursor de la obra maestra que escribiría Leon Bloy tiempo después, su Exégesis de lugares comunes, Flaubert nos ayuda desde mediados del siglo XIX a develar los pensamientos y comportamientos de cierta burguesía frente al acto electoral. Cuando Flaubert consigna el sentido que ese sector social da a la palabra “horizontes”, acota: “encontrar bellos los de la naturaleza y negros los de la política.” Esta es, según el novelista francés, la aspiración burguesa por esencia: conformarse con lo natural y criticar sin piedad los esfuerzos públicos por construir un mundo mejor. Nada de extraño tiene, entonces, que esa misma burguesía considere a los ideales, dice Flaubert, como algo “completamente inútil.”

Ante las elecciones, habrá tres tipos de burgueses. En primer lugar, los que no votarán, porque no están empadronados. Los conocemos por cientos: son algunos de nuestros alumnos, muchos de ellos llenos de erres y al mando ya de un modelo 2019. Escépticos se hacen llamar a sí mismos, aunque viven de fuertes convicciones respecto del valor de la moneda y de la intensidad del placer. Burguesía juvenil, pero senil. En segunda mirada, los que no votarán porque es fin de semana largo e importa poco un voto más o menos, si total, todos los candidatos ofrecen lo mismo.

En este grupo están también los que votarán, pero por motivo alguno estarían dispuestos a ser vocales o apoderados. Obviamente, se enterarán de algunos resultados a medianoche, al retornar de un raid para aliviar las tensiones electorales. Burguesía minimalista, débil. Los burgueses de la tercera especie son los más peligrosos. Al igual que los anteriores, siguen pensando que los horizontes de la política son negros, que los ideales son completamente inútiles, que lo importante es el pragmatismo, formar un nuevo conglomerado, vestirse con ropajes de patrias jóvenes ya vetustas. Por desgracia, estos burgueses se meten a fondo en las elecciones. Son ya parlamentarios, ofician de líderes, arman candidaturas propias supuestamente unitarias, ruegan para que no sean derrotados los candidatos rivales, incluso encabezan una candidatura afirmando que se puede, aunque no sepan qué es lo que se debe.

Los suyos parecen ideales, parecen compromisos, pero se descubre algo mucho más banal detrás. Son los que, según Flaubert al hablar de compraventa, suspiran al afirmar: “vender y comprar, objeto de la vida,” o en palabras que Bloy explica admirablemente, los que tienen por único dogma el solemne “los negocios son los negocios.” Burguesía fuerte y poderosa, con pretensiones avasalladoras. También Flaubert nos recuerda que, para el burgués, imbéciles son simplemente, “los que no piensan como nosotros.” Y si en las elecciones ganan “los imbéciles” ¿cómo se irán a comportar los burgueses?

En su notable Diccionario de tópicos, Gustave Flaubert va recopilando esas definiciones vanas, fatuas, que la burguesía usa para los conceptos fuertes, serios y trascendentes, aunque también incluye de los otros. Precursor de la obra maestra que escribiría Leon Bloy tiempo después, su Exégesis de lugares comunes, Flaubert nos ayuda desde mediados del siglo XIX a develar los pensamientos y comportamientos de cierta burguesía frente al acto electoral. Cuando Flaubert consigna el sentido que ese sector social da a la palabra “horizontes”, acota: “encontrar bellos los de la naturaleza y negros los de la política.” Esta es, según el novelista francés, la aspiración burguesa por esencia: conformarse con lo natural y criticar sin piedad los esfuerzos públicos por construir un mundo mejor. Nada de extraño tiene, entonces, que esa misma burguesía considere a los ideales, dice Flaubert, como algo “completamente inútil.”

Ante las elecciones, habrá tres tipos de burgueses. En primer lugar, los que no votarán, porque no están empadronados. Los conocemos por cientos: son algunos de nuestros alumnos, muchos de ellos llenos de erres y al mando ya de un modelo 2019. Escépticos se hacen llamar a sí mismos, aunque viven de fuertes convicciones respecto del valor de la moneda y de la intensidad del placer. Burguesía juvenil, pero senil. En segunda mirada, los que no votarán porque es fin de semana largo e importa poco un voto más o menos, si total, todos los candidatos ofrecen lo mismo.

En este grupo están también los que votarán, pero por motivo alguno estarían dispuestos a ser vocales o apoderados. Obviamente, se enterarán de algunos resultados a medianoche, al retornar de un raid para aliviar las tensiones electorales. Burguesía minimalista, débil. Los burgueses de la tercera especie son los más peligrosos. Al igual que los anteriores, siguen pensando que los horizontes de la política son negros, que los ideales son completamente inútiles, que lo importante es el pragmatismo, formar un nuevo conglomerado, vestirse con ropajes de patrias jóvenes ya vetustas. Por desgracia, estos burgueses se meten a fondo en las elecciones. Son ya parlamentarios, ofician de líderes, arman candidaturas propias supuestamente unitarias, ruegan para que no sean derrotados los candidatos rivales, incluso encabezan una candidatura afirmando que se puede, aunque no sepan qué es lo que se debe.

Los suyos parecen ideales, parecen compromisos, pero se descubre algo mucho más banal detrás. Son los que, según Flaubert al hablar de compraventa, suspiran al afirmar: “vender y comprar, objeto de la vida,” o en palabras que Bloy explica admirablemente, los que tienen por único dogma el solemne “los negocios son los negocios.” Burguesía fuerte y poderosa, con pretensiones avasalladoras. También Flaubert nos recuerda que, para el burgués, imbéciles son simplemente, “los que no piensan como nosotros.” Y si en las elecciones ganan “los imbéciles” ¿cómo se irán a comportar los burgueses?Cuando Flaubert consigna el sentido que ese sector social da a la palabra “horizontes”, acota: “encontrar bellos los de la naturaleza y negros los de la política.” Esta es, según el novelista francés, la aspiración burguesa por esencia: conformarse con lo natural y criticar sin piedad los esfuerzos públicos por construir un mundo mejor. Nada de extraño tiene, entonces, que esa misma burguesía considere a los ideales, dice Flaubert, como algo “completamente inútil.”

Ante las elecciones, habrá tres tipos de burgueses. En primer lugar, los que no votarán, porque no están empadronados. Los conocemos por cientos: son algunos de nuestros alumnos, muchos de ellos llenos de erres y al mando ya de un modelo 2019. Escépticos se hacen llamar a sí mismos, aunque viven de fuertes convicciones respecto del valor de la moneda y de la intensidad del placer. Burguesía juvenil, pero senil. En segunda mirada, los que no votarán porque es fin de semana largo e importa poco un voto más o menos, si total, todos los candidatos ofrecen lo mismo.

En este grupo están también los que votarán, pero por motivo alguno estarían dispuestos a ser vocales o apoderados. Obviamente, se enterarán de algunos resultados a medianoche, al retornar de un raid para aliviar las tensiones electorales. Burguesía minimalista, débil. Los burgueses de la tercera especie son los más peligrosos. Al igual que los anteriores, siguen pensando que los horizontes de la política son negros, que los ideales son completamente inútiles, que lo importante es el pragmatismo, formar un nuevo conglomerado, vestirse con ropajes de patrias jóvenes ya vetustas. Por desgracia, estos burgueses se meten a fondo en las elecciones. Son ya parlamentarios, ofician de líderes, arman candidaturas propias supuestamente unitarias, ruegan para que no sean derrotados los candidatos rivales, incluso encabezan una candidatura afirmando que se puede, aunque no sepan qué es lo que se debe.

Los suyos parecen ideales, parecen compromisos, pero se descubre algo mucho más banal detrás. Son los que, según Flaubert al hablar de compraventa, suspiran al afirmar: “vender y comprar, objeto de la vida,” o en palabras que Bloy explica admirablemente, los que tienen por único dogma el solemne “los negocios son los negocios.” Burguesía fuerte y poderosa, con pretensiones avasalladoras. También Flaubert nos recuerda que, para el burgués, imbéciles son simplemente, “los que no piensan como nosotros.” Y si en las elecciones ganan “los imbéciles” ¿cómo se irán a comportar los burgueses? Ab imo pectore “Desde mi profundo pecho”.

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