Rafael Márquez, el capitán eterno

29/05/2018

El romance entre el Kaizer y la Selección Mexicana lleva más de 20 años. La historia espera al ‘4’ Tricolor para despedirlo con honores.

Sir Alex Ferguson, Michael Jordan y Phil Jackson lo acompañaron en su soledad, página por página, mientras el resto jugaba en Estados Unidos con la Selección Mexicana.

Los libros de motivación sobre la cama de Rafa Márquez (Zamora, Michoacán, 1979) esperan a que el Kaizer termine de patear la pelota solo en los campos del Centro de Alto Rendimiento, rodeado del silencio y el recuerdo, con las piernas erosionadas por el tiempo, evitando que un problema legal no se las corte para jugar su quinto Mundial.

Su playera no luce marcas, pero su carrera sí. Esa supuesta relación con el narco mexicano manchó la estatua del ídolo. El ahínco de Márquez es tan grande que necesitaba una prueba más, otro rival a vencer, uno al que no se haya enfrentado nunca el futbolista mexicano que lo ganó todo.

Siempre con los más grandes. Márquez fue el más chico en las categorías en las que jugó hasta debutar con Atlas en 1996. Al año siguiente lo haría con la Selección Mexicana.

Para Márquez la promesa a sus padres venía de tiempo atrás: jugar en Europa. Cuando el Mónaco le ofreció ir a sus filas en 1999, el propio jugador desconocía dónde quedaba ese lugar. Cuando supo que era en el ‘Viejo Continente’ no la pensó y se fue. En el Principado ganó la Liga de Francia. Llamó la atención del Real Madrid, pero el fichaje del brasileño Ronaldo frustró su arribo a España, país al que llegó en 2003 para el Barcelona, donde tuvo sus mejores años.

El nivel de Márquez siguió creciendo, como esa cabellera controlada en una coleta que lució en la mayoría de las premiaciones de cuatro Ligas, dos Champions League, tres Supercopas de España y una Copa del Rey, con la bandera de México en sus espaldas, cobijándolo, presumiéndola.

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