Regresando el ideal a la juventud – Tomás Bermúdez Izaguirre

31/05/2014

Frente a artificiales actitudes de existencialismo aderezado con algunos gramos de cinismo práctico, los jóvenes terminan por sentir la necesidad de ser y de vivir como lo que son, haciendo suyas las grandes causas en Durango, Guadalajara o Tijuana al igual que cualquier otra ciudad del país, nos ofrece la estampa de una muchachada que en los fines de semana, se divierte de noche y duerme de día. La cultura del ocio juvenil ha quedado asociada a lo que se conoce con el nombre de movida. Todo transcurre de la forma más natural del mundo. Jóvenes entre los 15 y los 30 acuden con inquebrantable fidelidad a la cita que tiene lugar en sitios estratégicos, para juntos aguantar despiertos las horas de una larga noche pasada por alcohol. Se trata de un singular hábito de comportamiento juvenil, que los nuevos tiempos nos han traído, y que sin duda hubiera resultado impensable para nuestros abuelos, sobre todo para ellas.

¿Se imaginan a nuestras abuelas de marcha toda la noche, callejeando por la de Constitución con una botella de tequila entre las manos? Las cosas a primera vista pudiera resultar aburrida, pero hay quien asegura que se lo pasa bomba. De cualquier modo esto es lo que hay y también lo que mejor define el mundo lúdico de nuestros jóvenes, que dan muestras de sentirse a gusto con lo que son y satisfechos con lo que tienen. En el fondo son unos sujetos resignados, que se conforman con el “vive y deja vivir”. Su filosofía se acomoda a las exigencias de un elemental existencialismo vitalista aderezado con algunos gramos de cinismo práctico. Disfruta del momento presente ahora que puedes, vive de prisa y a tope hasta que el cuerpo aguante, porque ya tendrás tiempo de descansar cuando te mueras.

Está claro que los jóvenes de hoy han decidido quedarse con un presente que les hemos regalado, renunciando a un futuro que se lo hemos puesto bastante difícil. Si he de decir verdad, yo, que entre ellos he pasado mi vida, siento tristeza de que las cosas tengan que ser así, porque entiendo que un joven tiene el derecho y la obligación de ser joven y de serlo de la única manera posible, que no es otra, que la de ir proyectando la mirada hacia el futuro, con el corazón repleto de ilusiones y de ideales, de sueños y de esperanzas. No entiendo cómo se puede ser joven sin tener como horizonte un mañana cargado de promesas. Me pregunto también, qué ha tenido que pasar en su interior para que no aparezca por ninguna parte ese inconformismo social que les es connatural. Quiero pensar que más que culpables son víctimas de unos tiempos en los que no son tomadas en serio las utopías y se paga caro no aceptar unas reglas del juego inspiradas en el interés y el egoísmo. Seguramente es difícil poder ser joven en una sociedad como la nuestra, pero aún con todo es una obligación intentarlo.

Para recuperar la juventud que se les ha robado, los jóvenes deberían saber que han de comenzar siendo exigentes consigo mismo y serlo también con una sociedad enferma, que está dando muestras inequívocas de decadencia moral, deberían aprender a asumir el papel de críticos constructivos, dispuestos siempre a luchar y correr los riesgos que sean necesarios por mejorar las cosas.

De nada sirve la edad si se carece de ideales. Uno se puede morir de viejo sin haber llegado a ser joven y esto sucede cuando nunca se ha sentido la pasión por algo. Como he leído en alguna parte, son las arrugas del alma las que nos hacen viejos y no las de la cara. El joven que siente la necesidad de ser y de vivir como lo que es, acabará haciendo suyas las grandes causas de la juventud, los miedos a quedarse a solas consigo mismo irán desapareciendo y ya no tendrá ninguna necesidad de buscar refugio en el ruido, el alcohol, la mota, las pastillas o el amor fácil de fin de semana. “Occupet extremum scabies” El último también se contagiará de sarna.

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