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Author Fecha 1/01/2012

Comenzamos el año y es una buena oportunidad para manifestarnos, unos a otros,
deseos de bienestar y felicidad por el año que inicia. Nosotros como creyentes debemos hacerlo
vinculados profundamente en la fe que profesamos. Así, iniciamos el año con la solemnidad de
María, Madre de Dios. El Evangelio de hoy retoma el relato de la adoración de los pastores y le
agrega la noticia de la circuncisión del niño Jesús y la imposición de su nombre. Los pastores de
la noche de Navidad no se guardan la buena nueva anunciada por el ángel. Ellos van a anunciar lo
que les ha sido dicho y pueden constatar que lo que les ha sido anunciado se ha realizado. Todo el
mundo se asombra de lo que dicen los pastores. El acontecimiento es asombroso: en este niño se
ha manifestado un Salvador, Cristo y Señor, nacido por nosotros. Los pastores no se quedan ahí,
ellos regresan a sus casas alabando y dando gracias a Dios.

Nos centramos en María y lo hacemos a través del título más importante dado a María:
Madre de Dios. Ella no dice nada, más bien escucha: retiene el sentido de los acontecimientos,
los medita y se los apropia. María aparece aquí como modelo del discípulo que escucha, se
admira y maravilla, acoge en su corazón y medita la palabra que le llega bajo la forma de anuncio
o de acontecimiento. Es así como María llega a ser la Madre de Dios. En María vemos mucho
más: ella es como el rostro interno de la Iglesia que está a punto de nacer. La parte meditativa,
recogida, orante de la comunidad de los creyentes que es llamada a acoger la buena nueva y a
anunciarla.

También hoy celebramos la Jornada mundial de la paz. Este año el Papa Benedicto
XVI ha centrado su mensaje hacia los jóvenes: “Educar a los jóvenes en la justicia y la paz”.
Un mensaje que se dirige “a los padres, las familias y a todos los estamentos educativos y
formativos, así como a los responsables en los distintos ámbitos de la vida religiosa, social,
política, económica, cultural y de la comunicación. Prestar atención al mundo juvenil, saber
escucharlo y valorarlo, no es sólo una oportunidad, sino un deber primario de toda la sociedad,
para la construcción de un futuro de justicia y de paz. Se ha de transmitir a los jóvenes el
aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del
bien. Éste es un deber en el que todos estamos comprometidos en primera persona”.

El papa nos invita a mirar a los jóvenes con esperanza a confiar en ellos y los anima a
buscar la verdad, a defender el bien común y a tener una perspectiva abierta sobre el mundo y
tener ojos capaces de ver “cosas nuevas”
Hace un llamado a los responsables de la educación, llama a los educadores “testigos
auténticos y no simples dispensadores de reglas e informaciones”. Testigos que sepan ver más
lejos que los demás. El lugar más importante donde madura una verdadera educación en la paz
y en la justicia, es sobre todo la familia. Los padres son los primeros educadores y la familia es
la célula originaria de la sociedad. Aunque la familia se vea constantemente amenazada, “no se
desanimen los padres de familia”, “ exhorten con el ejemplo de su vida a los hijos a que pongan
la esperanza ante todo en Dios, el único del que mana justicia y paz auténtica”.

Dirigiéndose a las instituciones dedicadas a la educación, los invita a “que vigilen con
gran sentido de responsabilidad para que se respete y valore la dignidad de cada persona,
que cada joven pueda descubrir la propia vocación, que aseguren a las familias que sus hijos
puedan tener un camino formativo que no contraste con su conciencia y principios religiosos”.

Llama a los responsables políticos a que ayuden a las familias y a las instituciones
educativas a ejercer su derecho-deber de educar. Que se esfuercen para que a nadie se le niegue
el derecho a la instrucción y las familias puedan elegir libremente las estructuras educativas que
consideren idóneas para el bien de sus hijos. Que los Medios de Comunicación social, den su
aportación educativa. Hoy los medios tienen un papel particular en la sociedad: no solo informan,
sino que también forman el espíritu de sus destinatarios.

Para educar en la verdad es necesario saber quién es la persona humana, conocer su
naturaleza, ya que la educación persigue la formación integral de la persona. El hombre es un ser
que alberga en su corazón una sed de verdad, porque ha sido creado a imagen y semejanza de
Dios. Por eso la primera educación consiste en reconocer en el hombre la imagen del Creador,
tener un profundo respeto por cada ser humano y ayudar a los otros a llevar una vida conforme
a su dignidad. Sólo en la relación con Dios comprende también el hombre el significado de la
propia libertad. Y es cometido de la educación el formar en la auténtica libertad.

Educar en la paz. La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el
equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra sin la salvaguardia de los
bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad
de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad. La paz es fruto de la justicia
y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios.

Pero la paz no es sólo un don que se recibe, también una obra que se ha de construir.
Para ser constructores de la paz, debemos ser educados en la compasión, la solidaridad, la
colaboración, la fraternidad; hemos de ser activos dentro de las comunidades y atentos a despertar
las consciencias sobre las cuestiones nacionales e internacionales, así como sobre la importancia
de buscar modos adecuados de redistribución de la riqueza, de promoción del crecimiento, de la
cooperación al desarrollo y de la resolución de los conflictos. “Bienaventurados los que trabajan
por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9).

Miremos con mayor esperanza al futuro, animémonos mutuamente en nuestro camino,
trabajemos para dar a nuestro mundo un rostro más humano y fraterno y sintámonos unidos en
la responsabilidad respecto a las jóvenes generaciones de hoy y del mañana, particularmente en
educarlas a ser pacíficas y artífices de paz. ¡Unamos nuestras fuerzas espirituales, morales y
materiales para educar a los jóvenes en la justicia y la paz!

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Categoria: Episcopeo

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