Un tesoro llamado libertad

1/04/2019

Todos los seres humanos nacemos iguales en derechos, iguales en el ejercicio de esos derechos, iguales en la libertad. Libertad que nos proviene de un derecho natural de elegir lo que consideramos mejor para nuestros intereses y para nuestro bienestar. Libertad, del latín libertas, significa manumisión, que no somos esclavos, que no somos pertenencia de un amo.

Es el derecho natural que tiene el ser humano de actuar de una manera o de otra y, por complemento, de no actuar, por lo que es responsable de sus actos. Libertad en el sentido de que no somos esclavos. En la lengua anglosajona el sentido de libertad va más allá del sentido latino: el del freedom o free dominion,- dominio de uno mismo, aun bajo un régimen de manumisión. Solo los santos alcanzan el libre dominio de sus sentidos y de sus emociones, incluso bajo pena de tortura…

El ejercicio de la libertad es un acto de sentido común, responsabilidad y madurez. Por ello a los menores de edad los mantenemos bajo la tutela de los mayores, a la espera de que desarrollen la capacidad personal para que tomen sus propias decisiones. Por ello también a otro grupo de personas las mantenemos precisamente aisladas de la vida en sociedad porque transgredieron las normas básicas de conducta libre en sociedad. Otras personas por enfermedad mental, que no física, no ejercen plenamente su libertad porque, de hacerlo, podrían dañarse a ellas mismas y dañar a otros involuntaria o inconscientemente.

En libertad también tenemos el derecho de nombrar a otros miembros de la sociedad para que nos representen y tomen decisiones en nuestro nombre. Es lo que llamamos democracia. Pero esta delegación de nuestra libertad de decisión no debe interpretarse como una renuncia de nuestro derecho de conducir nuestras vidas y de desarrollarnos de conformidad con nuestras capacidades, nuestras oportunidades y nuestros intereses. En otras palabras, la delegación de nuestro fuero de dominio personal no representa una delegación de nuestro derecho de elección.

Y esa delegación de nuestro derecho no debe tampoco ser utilizada por el representante en contra de nosotros mismos. Especialmente cuando en el ejercicio de la libertad tenemos el derecho de cometer errores. Nuestros representantes no deben tratar de hacer de policía para impedirnos ejecutar ciertas cosas simplemente porque no desean que tengamos la libertad de hacerlo. El representante está ahí para que cuide de que los otros miembros de la sociedad no lesionen nuestro fuero de libertad.

Empero, cuando nuestro representante, convertido en autoridad por nuestra delegación de poder, abusa de su posición y se cree que tiene el suficiente conocimiento para enmendar, no solo nuestros errores, sino también nuestra forma de vida comienza entonces el abuso del poder y la reglamentación de la libertad. En cada oportunidad que la autoridad promulga una ley, emite un decreto o aplica un reglamento, en ese momento se nos limita la libertad.

De manera inconsciente, una sociedad que podría funcionar adecuadamente con los derechos y las prohibiciones que una constitución política debiera incorporar, se podría ver, a lo largo de su historia, en un círculo creciente de restricciones a la libertad de sus miembros mediante la promulgación excesiva de leyes. Cuidemos nuestra Libertad. Liberae sunt nostrae cogitationes. “Nuestros pensamientos son libres”.

tomymx@me.com

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