Valores, política y el próximo sexenio

4/10/2012

Por: Tomas Bermudez Izaguirre

Tal vez una de las materias más arduas el día de hoy, sea el contenido valórico en el contexto del sistema político. En efecto, a su respecto existen las más dispares opiniones y tendencias, al punto que cada vez se impone con más fuerza la idea según la cual, no sólo se trata de un aspecto que únicamente incumbe a la vida privada de las personas, sino además, que descansa en último término, en meros gustos o pareceres, o si se prefiere, que no tienen un carácter verdaderamente racional. No obstante, algunas preguntas  básicas a su respecto pueden al menos tratar de desenredar esta maraña de creencias y mitos.

 

Por ejemplo: los valores ¿son valores porque los respetamos o el sistema los respeta  porque son valores? La pregunta no es un mero juego de palabras, sino que en realidad, marca tal vez una de las cuestiones cruciales a su respecto. En efecto, si sólo son valores “porque los respetamos”, ello significa que sólo los tomaremos en cuenta cuando  convengan al sistema; en el fondo, que ellos no van más allá de nuestro sacrosanto capricho, y por mucho que digamos lo contrario, se los dejará a la vera del camino cuando su cumplimiento se ponga difícil.

 

Como en esta época, la de los Cesares de la decadencia, que nos han dominado en estos pasados docena de años, como los viejos Hados, de la tragedia clásica, es ahora el mandato de salir al rescate de la nación, México no es una Persia; no es también un reino Nahoa, en la conciencia de un gran patriota, nativo, sin odio personal sin intereses bastardos, germine la decisión de cortar el nudo de los destinos para soltarlo hacia rumbos menos estrechos y objetivos menos viles, evitando  cumplir  la execrable profecía de su “Alteza Serenisima” : “He sido un Caín, ya que en este país, si no se acaba con Abel, sucede que Abel mata a Caín, solo un inocente podría empuñar el arma que diera fin a ese monstruo. ¡Hay de los pueblos en que triunfa constantemente el perverso y el Bueno fracasa¡ Por eso son tan importantes los principios del sistema, esto es, que es lo bueno y lo malo “pro populo” (para el pueblo)  tengan una entidad objetiva, puesto que si dependen del capricho de cada cual, es lo mismo que no existieran, o si se prefiere, significaría que toda conducta humana, que todo uso de la libertad sería indiferente, porque siempre acabará coincidiendo con nuestro querer.  En consecuencia, preguntas como ésta no son del todo absurdas, sobre todo si cada vez es más común escuchar hablar de una creciente crisis  avalórica de la clase política.

De ahí que no vengan mal las palabras de Blas Pascal: Si vous n’agissez pas comme vous pensez, vous finissez par penser à la façon dont vous agissez   “Si no actúas como piensas, terminarás pensando como actúas”.

Correo electrónico:tomymx@me.com

 

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