Absurdos mentales

12/04/2013

Tomas Bermúdez Izaguirre                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        Cuando se siente honda angustia frente a medidas de distinta especie. El cuerpo pide algo que el afecto o la mente niegan. De ahí la contradicción. No es posible llevar a cabo una tarea, porque las potencias intelectuales y volitivas se oponen en el mismo sujeto y frente a la misma tarea. Con frecuencia estamos conociendo ahora otro tipo de contradicción, la que podríamos llamar simplemente mental, la que se produce entre aquellas personas que pensando una cosa, dicen otra. Es decir que se trata de personas que llegan a sostener que una cosa es y no es al mismo tiempo. Para quienes se barajan en los ámbitos del pensamiento filosófico, esto es inaceptable. Para los que viven sin referencia a la filosofía, también. Porque ¿cómo podemos entender a una persona que afirma la vida y propicia la muerte, que asegura la verdad y pronuncia una mentira. ¡Simplemente increíble, aunque cierto! La inteligencia humana está hecha para buscar y permanecer en la verdad. En toda verdad. El problema es que el mismo sujeto que ve de una manera, por una extraña afección o perturbación mental, trata de mostrar hacia fuera con la comunicación o con la acción, lo contrario de lo que piensa, intuye o ve. Mientras su mente le muestra una realidad, él comunica o actúa contra ella, siempre en el orden del conocimiento, del pensamiento, de la transmisión del mismo. Se produce un fenómeno bastante extraño: el sujeto inteligente, pensante hace esfuerzos por ignorar la verdad que contempla y trata de expresar verbalmente lo contrario de la misma. Se produce un corte, una falta de lógica continuidad entre pensamiento y expresión. Una persona reconoce intelectualmente que matar es malo, que mentir es malo, que robar es malo y sin embargo, al enfrentarse con realidades de muerte, como la del aborto; de mentira como una acusación indebida; o apropiación de lo ajeno, como quedarse con un cambio, defraudar a un supermercado o dejar de emitir una multa, en el hecho está en una feroz contradicción. El sujeto formula una sentencia que contradice a la creencia. El defensor de un derecho humano, rechaza su aplicación en algunos casos, mientras lo defiende en otros. Y, aquí está lo grave, no alcanza a sentir ningún tipo de contradicción vital, porque ha llegado a la conclusión que el pensar y el hacer discurren por distintos cauces. Objetivamente hablando, para los que aún toleran esta referencia a una verdad inmutable, afirmar a un tiempo una cosa y su contrario, no puede ser aceptable para una mente normalmente formada. No es posible decir que matar es malo, pero también es bueno, que mentir es malo, pero también es bueno, que robar es malo, pero igualmente aconsejable. ¿Cómo llega a producirse un autoengaño de esta naturaleza? ¿Cómo puede la misma persona programar unos principios y negarlos en su expresión ante diversos auditorios, ante reclamos de utilidad o conveniencia temporal? ¿Será porque confunde en su mente lo absoluto con lo relativo, la luz con las tinieblas? ¿Qué le pasa a un humano que llega a situarse en tan infeliz situación y que sin embargo no se turba llegando a ningún tipo de contradicción vital? Simplemente, que el sujeto ha perdido la coordinación entre pensar y existir, entre razonar y actuar, vale decir, que se ha descompuesto entre dos opuestos de carácter racional. Se trata de una contradicción simplemente mental. Esta enfermedad, porque de qué otro modo la vamos a llamar, es una enfermedad de la mente, del alma, del sentido común, en fin de la racionalidad, es probablemente la más peligrosa que puede afectar al ser humano, porque toca directamente a la raíz principal de la persona. Y es la que afecta a bastante gente que hoy asume responsabilidades de conducción, ya sea en la ciencia, en la técnica, en la política o en el aula educadora de niños y jóvenes. La contradicción mental es aún más grave que la contradicción vital, ya que esta se sitúa todavía en el área de lo plenamente humano, de la racionalidad frente a la moralidad. Pero si lo que falla es la racionalidad misma, eso significa que el hombre está herido en su base misma. ¿Qué podemos esperar de un mundo conducido por contradicciones mentales, por irracionalidades? Si falla la inteligencia, ¿de qué servirá la voluntad libre, los afectos, las pasiones desbocadas, los sueños en el aire? Para trabajar contra este peligroso síntoma o contra esta grave enfermedad en los que ya la tienen residente es el gran desafío de los educadores de hoy y de mañana. Educar la inteligencia, educar la coherencia intelectual en toda la línea, fomentar la coherencia entre pensamiento y acción, teoría y práctica, es una de las tareas más urgentes para evitar que se nos desangre el alma sustancialmente racional del hombre, de la que nos legaron principios inquebrantables los pensadores griegos, los orientales y los cristianos. Volver a la racionalidad es urgente, antes de que sea demasiado tarde, no sea que al clonar a los humanos nos encontremos con una subespecie de seres sin inteligencia, aunque hayan logrado desarrollar una gigantesca voluntad. ¿Para qué servirá una gran voluntad libre, si no tiene idea de adonde dirigirse?.. Todo es posible, incluso el caos.”Inlitteratum plausum non desidero” No deseo el aplauso de los ignorantes

  Correo electrónico: tomymx@me.com

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