Comparan a Enrique Peña Nieto con Madero

23/02/2013

Afirma Chuayffet que el ‘Apóstol de la Democracia’ también fue un revolucionario de la educación.

Francisco I. Madero fue uno de los presidentes que más apoyó la educación y comprendió que sólo a través de ella podía construirse un país en paz, visión que comparte el presidente Enrique Peña Nieto, expuso ayer el secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet, en la ceremonia conmemorativa por el 100 aniversario luctuoso del prócer.

“Hay en el gobierno de Madero una tarea superior a todas que destaca sobre las demás: la educación… no hay revolución política sin revolución educativa, y ambas fueron hechas por Madero; creó las primeras escuelas rurales en México, y comedores escolares que alimentaban dos veces al día a cinco mil 800 infantes; estableció dos escuelas de agricultura en el norte del país; reglamentó los planteles nocturnos, generó casas para estudiantes”, enumeró.

Chuayffet Chemor recordó que Madero auspició el Congreso Nacional de maestros de educación primaria, en el que se les dotó de mejor salario y mejores condiciones de trabajo, e insistió en que el Apóstol de la Democracia estaba consciente de que la educación era la única herramienta certera para construir la paz.

“Y trabajó al lado de los maestros, porque sabía que sólo con ellos podía llevar a cabo su reforma educativa; ningún gobierno anterior le dio a la educación un grado tan eminente, y es que él sabía que el viejo instinto de reclamar sangre no estaba vencido, y confiaba en que para aplastarlo la escuela era la única garantía.”

Describió los 15 meses en que gobernó Madero como “el evangelio democrático”, en los que logró una ley electoral, creó la Comisión Nacional Agraria, la Casa del Obrero Mundial y legalizó las libertades sindicales y de huelga.

En ese tiempo se reorganizó también el crédito al campo e inicio la construcción de las primeras carreteras del país.

“Al apóstol Madero le rinde hoy homenaje la República. Su presidente, Enrique Peña Nieto, quiere como Madero un México en paz, incluyente, próspero y con responsabilidad global, pero transformado por el único proceso de cambio social contundente: educación de calidad para todos.”

En el acto estaban el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ministro Juan Silva Meza; el líder del PAN y familiar de Francisco I. Madero, Gustavo Madero; el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera; el secretario de Marina, almirante Vidal Soberón, y el secretario de la Defensa Nacional, general Salvador Cienfuegos.

En 1908, Madero escribió que la educación era la base de todo progreso, recordó. “Desde el inicio de la lucha armada, jóvenes estudiantes de la Escuela Nacional de Jurisprudencia, y luego de otros planteles, vieron en Madero al líder que dejaría de lado el positivismo aburguesante y reencontraría la nueva pedagogía social contemporánea”, explicó ayer Chuayfett.

A ese Grupo del Ateneo pertenecían Antonio Caso, Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Antonio Mediz Bolio, Martín Luis Guzmán, Enrique González Martínez y, como residente externo, Diego Rivera.

Participó Enrique Madero Bracho, familiar del prócer, quien expresó que, “no obstante el esfuerzo hecho durante 81 años de gobiernos institucionales, el atraso en nuestro país es de una magnitud enorme”.

Nunca más un patriarca en el país: Arroyo

“Nunca más un país cuyo destino dependa de un solo patriarca”, soltó desde la tribuna el presidente de la Mesa Directiva de San Lázaro, Francisco Arroyo Vieyra, en la sesión solemne por el centenario de la muerte de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez.

Gustavo Madero, dirigente nacional del PAN, en su calidad de descendiente del homenajeado, atestiguó el acto donde el político priista cerró la ronda de posicionamientos con un mensaje en el que definió que la única medida de la eficacia de un gobierno es la superación de la pobreza.

A unos días en que se avaló la ley de amparo con cambios que buscan frenar su abuso por parte de empresarios de los bienes concesionados por el Estado, Arroyo Vieyra arremetió contra los monopolios y habló de lo que denominó “nuevos jugadores al juego del capitalismo”.

Habló del largo camino emprendido por el país a partir “del crimen quizá más sangriento y desdeñable” del que da cuenta la historia nacional y de las conclusiones que consideró asumidas por los mexicanos y que hoy, dijo, parecen universales.

“Nunca un país en donde la indigencia no nos pueda hacer libres. Hoy la libertad es la suficiencia de necesidad y hoy la renta que el Estado mexicano pueda construir, a partir de un comercio más digno y de una productividad más democrática, no puede ir a abonar la abundante panza de los odiados monopolios”, señaló el político guanajuatense.

En la antesala del envío al Congreso de la reforma en telecomunicaciones —90% lista, según adelantó el presidente del PAN después de la ceremonia—, el presidente de la Cámara se refirió a la concepción “de un nuevo país”, caracterizada por “una renta democrática que traiga nuevos jugadores al juego del capitalismo”.

Definió que junto con la superación de la pobreza, el régimen de libertades es referente de éxito para el gobierno, y que éste debe incluir una impartición de justicia en donde se garantice el debido proceso, la cultura de la transparencia y lo que llamó la normalidad democrática.

De la tarea del Congreso en esta coyuntura, Arroyo Vieyra planteó que debe prevalecer en sus integrantes la nobleza, de modo que éstos pueden sentirse orgullosos “de sus acciones no partidistas y sí universales para servicio de la sociedad”.

Reivindicó al gobierno de Enrique Peña Nieto como una oportunidad de “no repetir los errores del pasado”.

Dijo que la historia es “una ventana extraña en donde la normalidad democrática hace que un partido regrese al poder, pero que éste entienda que la política no es la misma”.

Se pronunció por construir un régimen en el que se aplique la cárcel y la ley a quienes violenten a las instituciones y “la normalidad legal”.

Pidió a los diputados hacer un esfuerzo para lograr consensos y ofreció una conducción sin sesgos: “La hechura de la ley no tiene signo partidario, y la presidencia de la Cámara debe servir a todos imparcialmente por igual”.

Excélsior

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