Fumata bianca

15/03/2013

Tomas Bermúdez Izaguirre
El día en que Joseph Ratzinger fue elegido para suceder a Juan Pablo II, 19 de abril de 2005, el nombre de José Mario Bergoglio circulaba con peso entre quienes se animaban a hacer pronósticos sobre el resultado final de la elección del cónclave. Ratzinger fue escogido tras cuatro votaciones, con 84 votos de los 115 cardenales presentes, y su contrincante no fue el cardenal aperturista Carlo Maria Martini, como se decía, sino el arzobispo de Buenos Aires.

Llegó a recibir, en el tercer escrutinio, 40 votos. Martini sólo alcanzó 9 sufragios en la primera votación. El más votado, tras Ratzinger, fue finalmente Bergoglio. El arzobispo de Buenos Aires, el argentino nacido en el barrio de Flores, en 1936, se quedó con 26 votos en la cuarta ronda. «Nunca quiso que lo trasladaran a Roma; siempre quiso quedarse en su país», afirma Tornielli, vaticanista de Il Giornale .

El hombre que necesita oraciones es el mismo que no le teme al poder político. En los últimos años, las declaraciones públicas de Bergoglio sobre los grandes temas sociales incomodaron a los gobiernos de turno, trazaron diagnósticos sobre la niñez y la pobreza, marcaron alertas sobre el futuro del país. Habló de «los que caben en el sistema y los que sobran, por culpa de las contradicciones». Dijo que en la calle hay «niños esclavos» y que la pugna política es «la gran enfermedad de los argentinos». Las fuentes más cercanas al cardenal dicen que la relación con los Kirchner no es mala: es pésima. Jamás lo recibió a Néstor Kirchner durante su presidencia. Los miembros más encumbrados del Gobierno pidieron reiteradas audiencias, pero no querían acercarse hasta el Arzobispado.

El cardenal aclaraba que si él quería hablar con el presidente iba a la Casa de Gobierno, y que si el presidente quería hablar con él tenía que ir al Arzobispado. «Los Kirchner querían que apareciera Bergoglio visitando a la Rosada. Jamás se prestó a eso en cuatro años de gestión y las relaciones fueron frías y duras. Claro que, cuando se encuentran, hay cordialidad porque son educados», afirma uno de sus colaboradores. En América Latina vive más de 40 por ciento de los fieles católicos del mundo. Casi 500 millones de fieles con una lengua común, el español. Una parte del mundo con una catolicidad de “diversas almas” pero con problemas comunes. Azotada por el narcotráfico, la creciente inseguridad pública, la corrupción y el analfabetismo. Pero, al mismo tiempo, con enormes potencialidades. Con una juventud pujante, que todavía se siente atraída por valores como la familia, la amistad y la solidaridad. Con una tasa de natalidad muy superior a la europea y una religiosidad sencilla destacable.

La Argentina no vive un momento de pujanza espiritual. En Buenos Aires y en la zona metropolitana de la capital del país, los templos no rebozan de fieles. La fe se sostiene con los ancianos, con las familias y se abre camino entre los pobres. Allí donde surgió el movimiento de los “curas villeros”, los sacerdotes de las “favelas”, aquellos que se han enfrentado a los vendedores del “paco”: la droga formada con los desechos del proceso químico de la cocaína pero de una pésima calidad. Un producto que costa poco y quema el cerebro a los muchachos, los condena a la estupidez en poco tiempo. “Él nunca me cortó las alas”, dijo el pasado miércoles el padre Fernando, uno de estos curas “villeros”, poco después de saber de la elección de su arzobispo. Con eso quiso decir que Bergoglio siempre lo apoyó.

Le permitió estar con los más pobres, los desprotegidos. Ese es el mensaje de Francisco, un Papa tímido, parco. Que ha tenido una relación difícil con el gobierno de los Kirchner, primero del presidente Néstor y después de su esposa, la presidente Cristina Fernández. En varias ocasiones denunció públicamente la peligrosidad de su modelo político, populista y paternalista. Y esto no le granjeó la simpatía de los hombres del poder. Bergoglio no dudó, en su momento, de catalogar como una “movida de Satanás” la aprobación legal del “matrimonio” entre personas del mismo sexo en Argentina.

Y cuando en el Congreso nacional se intentó discutir una ley de despenalización del aborto, a su convocatoria (lanzada juntos con grupos judíos y evangélico-pentecostales) respondieron varios miles de personas, que se congregaron en la Plaza de Mayo, la más importante del país, para su negativa, sin embargo… tiene 77 años de edad, otro pontífice de “transición”? Mutatis mutandis. Cambiando lo que se deba cambiar.

Correo electrónico: tomymx@me.com

Deja tu comentario

Más información sobre:

loading...

Suscríbete y recibe las noticias en tu correo

* Obligatorio