La crisis de narcoviolencia hunde en la sospecha al Gobierno de Michoacán

1/08/2013

El jefe de un grupo de autodefensa civil afirma que el gobernador interino acudió al sepelio del padre de una leyenda local del crimen. Lo acusa de formar parte del cartel de los Caballeros Templarios.

Michoacán es un Estado del suroeste de México con graves problemas de orden público. En las últimas dos semanas ha muerto allí una treintena de personas en acciones del crimen organizado, entre ellos cinco policías y un alto mando de la Marina, el domingo pasado. Pero además de problemas de orden público tiene una crisis de legitimidad institucional. Su gobernador electo sufre una enfermedad grave y en abril tomó su cargo como interino su secretario de Gobernación, Jesús Reyna. Al sucesor la oposición le echa en cara que no haya sido elegido por los ciudadanos. Pero esa no es la peor cosa que le han dicho. El líder de una autodefensa civil (grupos aparecidos este año en municipios rurales de Michoacán supuestamente para defender a sus pueblos de los narcos) lo ha acusado de formar parte del cartel más importante de este Estado, una mafia del tráfico de droga y de la extorsión y con inspiraciones evangélicas conocida como los Caballeros Templarios.

El líder de la autodefensa se llama José Manuel Mireles y es médico de profesión. Dirige un grupo de civiles armados en un municipio de nombre Tepalcatepec situado en la región michoacana de Tierra Caliente, un área rural en la que se cultivan drogas como la marihuana y la amapola (base de la heroína) y en la que existen laboratorios clandestinos de metanfetamina. Es el feudo original de los Templarios, que ya han expandido sus negocios a una decena de Estados de México y por territorio de Estados Unidos. Mireles afirma que su autodefensa nació para proteger a Tepalcatepec de la violencia y de las extorsiones de los Templarios.

El lunes pasado lo entrevistaron en la cadena mexicana Radio Fórmula y respaldó un rumor insistente, que Nazario Moreno, el líder fundador de esta estirpe mafiosa, conocida como la Familia Michoacana hasta que se formó la escisión de los Templarios, no murió en 2010 en un operativo militar y policial y sigue al mando del cartel. Pero lo más sorprendente no fue que repitiese esa conjetura ya conocida, sino lo que dijo a continuación. “Está vivo. Si no, pregúntenle al Gobernador de Michoacán, que estuvo en el sepelio de su papá [del padre de Moreno] el miércoles pasado. Porque él [Reyna] también es Templario. Su esposa es hermana de la esposa de la Tuta [Servando Gómez, jefe de los Templarios]. Allí estuvieron en un sepelio público. Estuvieron todas las cabezas visibles del crimen organizado en el Estado”.

Un portavoz del Gobierno de Michoacán ha negado el nexo de Reyna con el narco: «Es una acusación absurda»

El martes un portavoz del Gobierno estatal respondió en la misma cadena al líder de la autodefensa. “Es una acusación tan falsa como absurda. Seguramente en un sepelio público alguien le hubiera sacado una foto o un video y ya estaría en las redes sociales”. El portavoz dijo que el gobernador Reyna había pasado los debidos escrutinios oficiales para ocupar su cargo y que todos en Michoacán sabían que vivía en una casa normal. Después dio a entender que el doctor que acusó de mafioso a Reyna podría tener antecedentes penales pero no añadió ninguna información que lo acreditase. El líder de la autodefensa tampoco ha respaldado con pruebas su afirmación.

José Manuel Mireles había aparecido recientemente en un vídeo de YouTube explicando los motivos de su grupo para levantarse en armas. Dijo que llevaban 12 años sometidos a grupos criminales. Primero los Zetas, después la Familia Michoacana, ahora los Caballeros Templarios, y que las policías (local, estatal y federal) estaban conchabadas con ellos y no protegían a los vecinos. Este es el argumento que han esgrimido otras autodefensas surgidas este año en Michoacán y en otros Estados de México, sobre todo en el de Guerrero, con el que limita por el sur. También se ha especulado con la posibilidad de que estos grupos civiles estén promovidos por carteles que quieren expulsar de una zona a otros carteles resguardándose detrás de la legitimidad de las acciones comunitarias. Mireles ha negado que este sea el caso de Tepalcatepec.

El doctor ha contado que ellos aguantaron durante años todo tipo de extorsiones: una cuota por cada vaca que vendían, otra por cada kilo de carne que se despachaba en las carnicerías, otra por cada kilo de tortilla de maíz vendido, etcétera, y que sin embargo no reaccionaron hasta que los delincuentes comenzaron a violar a sus hijas pequeñas. “El problema tronó cuando empezaban a llegar a tu casa y te decían: ‘me gusta mucho tu mujer, orita te la traigo, pero mientras, me bañas a tu niña, porque esa sí se va a quedar conmigo varios días’, y no te la regresaban hasta que estaba embarazada”. Mireles afirma que su autodefensa tiene capacidad para reunir a 3.000 hombres armados en menos de una hora a partir de que se hagan sonar las campanas de la iglesia del pueblo.

El País

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