La generación que dejamos….

23/12/2016

Dante, Valentina y Regina: se dice que nacieron en el naciente siglo XXI, viven en una transición provocada por muchas revoluciones y contra-revoluciones: la mediática, la cibernética, la sexual y la político-social, las crisis han sido y son parte de su realidad cotidiana. Los anticonceptivos y la revolución sexual les permiten tener relaciones sexuales sin casarse. Posponen la edad de la boda y la llegada de los hijos (que son menos), los homosexuales, las lesbianas, los bisexuales, los transexuales salen a la luz, exigen respeto y, por fin, se integran al panorama social.

Hablan de todo, sin tapujos. Los privilegiados estudiaron y soñaron con una carrera que ayudara a cambiar el mundo. Los no privilegiados vieron crecer el abismo entre su mundo y el de los ricos, cuando el campo se terminó y los salarios se degradaron. Los obreros que antes comían tres platos de frijoles con chile y tortilla, hoy se conforman con refrescos y una bolsa de papitas, nutrirse es misión imposible; matar el hambre, consigna para sobrevivir. La frivolidad es su norma de vida: si no es espectáculo que divierta no vale la pena.

Los artistas, los de verdad y los de pacotilla (creado por los medios), valen por el dinero que generan, no por su talento. Incluso los no artistas serán famosos durante 30 minutos. El narcomundo, infierno o paraíso, es omnipresente. Importa discutir y defender los valores, no ponerlos en práctica. La doble moral (aceptada hoy, implícitamente) construye un sólido edificio sobre tales cimientos. La Patria sigue empantanado, a pesar de la alternancia iniciada por un presidente con muchísimos altibajos. Los insaciables partidos se enriquecen y se adueñan del País.

La Corrupcion e Impunidad sigue imperando en nuestras vidas. Para qué denunciar, si no sucede nada El estrés, la presión alta, los infartos y la depresión son familiares cercanos. Consumen antidepresivos como antes consumíamos dulces. La mayoría quiere primero tener y luego ver si puede ser. Al casarse desean empezar con todo, un solo sueldo no alcanza, la pareja debe trabajar, hay que integrar las tareas domésticas y la intensa vida social. Si llegan los hijos, a buscar guarderías. Corren todo el día, uno para un lado, la otra, para el otro, al fin se reencuentran en la noche, siempre cansados. Habla con ellos y compruébalo: están exhaustos, si pudieran, dormirían una semana completa, les falta sueño y les sobra cansancio de tanto correr tratando de morder su propia cola. Es la generación que dejamos.

Antes de morirse, deberían detener su “acelere” y bajarse a respirar, a ver las montañas, a dar gracias por estar vivos y a comerse un helado sin hacer nada, sentarse al borde de un riachuelo para ver correr el agua. La vida también es eso. Vamos a eseñareles, que: «Qui perdiderit ave hodie amittere, adulescens qui perdiderit animam suam amittunt vitam» Quien pierde la mañana pierde el dia, quien pierde su juventud… pierde la vida ¡Feliz Navidad!

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