El lado menos oscuro de la crisis de refugiados

16/09/2016

Un estudio del Banco Mundial y ACNUR ofrece ejemplos de impactos socioeconómicos favorables en países de acogida de desplazados.

La crisis de refugiados, la peor desde la II Guerra Mundial, alcanza ya a 65 millones de personas a los que la violencia y los conflictos armados obligaron a abandonar sus hogares. Si formaran un país, su población sería comparable a Tailandia, o Reino Unido. Dos tercios de ellos (41 millones) son desplazados internos —24 millones son refugiados o solicitantes de asilo—; y, desde 2001, el 60% escapa de los mismos diez conflictos prolongados en el tiempo: Siria —con casi doce millones de desplazados, entre internos y refugiados—, Colombia —con más de seis millones de desplazados internos—, Afganistán, Sudán del Sur, Somalia… El 89% de los refugiados del mundo son acogidos por países en desarrollo. En Jordania y Líbano, fronterizos con Siria, los refugiados de este país representan ya el 9% y el 18% de la población. Y solo el 27% de los que escapan acaban regresando a sus lugares de origen. Es parte del escenario dibujado por ‘Desplazados a la fuerza’, un informe del Banco Mundial (BM) y ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, que hace una fotografía global del fenómeno.

Pero no todas las consecuencias de la migración forzosa son negativas, y no todas las estadísticas son tan oscuras. El estudio proporciona algunos datos que dan una idea de cómo el flujo migratorio, si es acompañado de políticas de desarrollo y acceso al mercado laboral, puede tener aspectos beneficiosos para las regiones a las que llega.

Los refugiados sirios, emprendedores en el sur de Turquía

El shock demográfico producido por la llegada masiva de migrantes puede causar, según el estudio, una demanda excesiva que lleve al incremento de los precios y el desempleo. Pero, en un entorno favorable a los negocios que otorgue derechos económicos a los refugiados, el resultado puede ser otro. Turquía, que acogía a finales de 2015 a 2.503.549 refugiados sirios —el país con mayor número de asilados de este país—, está en el número 55 (de 189) del índice de facilidad para hacer negocios del BM. En los últimos cuatro años han abierto unas 4.000 empresas sirias que han tenido un gran impacto económico en las provincias cercanas a la frontera, empleando sobre todo a trabajadores turcos en sectores que van desde la restauración a la construcción, pasando por el sector textil y la alimentación. Por ejemplo, Kilis, al sureste, pasó de no tener negocios sirios en 2010 a que lo fueran el 34% de las nuevas empresas en 2014.

El Producto Interior Bruto (PIB) de Turquía creció un 5,7% en el último trimestre de 2015 y un 4,8% en el primero de 2016. La agencia de calificación Standard & Poor’s considera que parte de este incremento se debe al vertigioso crecimiento de las empresas del país vecino y la contribución del consumo de los sirios a la economía turca, informa Andrés Mourenza.

Los campos como dinamizadores regionales

Los campos de refugiados suelen instalarse en zonas marginalizadas o fronterizas, con poca densidad de población y dificultades económicas. Es por eso, según el estudio, que pueden convertirse en los epicentros del desarrollo regional. El campo de refugiados de Dadaab en Kenia, el mayor del mundo con entre 300.000 y 400.000 refugiados —la mayoría somalíes—, ha pasado en dos décadas de ser «un conjunto de refugios rudimentarios a un ajetreado centro regional». Se ha convertido, según el estudio, en «un mercado con un poder adquisitivo relativamente sólido». Los beneficiados son los comerciantes y pastores del condado de Garissa, que producen leche y crían ganado. El comercio establecido con este campo ha incrementado los salarios, que según el Banco Mundial y ACNUR son un 60% mayores en esta región que en otras partes comparables del país.

La mano de obra refugiada da sus frutos

En Karagwe, un distrito del oeste de Tanzania, la abundancia de mano de obra por la presencia de refugiados permitió a los granjeros expandir e incrementar significativamente la producción: entre 1993 y 1996, la superficie de terrenos cultivados se dobló, y lo mismo ocurrió con la cosecha de bananas y judías. En Guinea Conakry la presencia de desplazados liberianos fue vital, según el estudio, para expandir el cultivo de arroz a las tierras bajas pantanosas.

La mitad de los refugiados, menos de cuatro años en el exilio

La duración de un desplazamiento forzoso en el extranjero puede variar entre semanas —como el exilio de los kosovares en 1999— y cerca de 70 años para muchos refugiados palestinos. Todavía hay 2,2 millones de personas en el mundo que llevan forzosamente en el exilio entre 35 y 37 años, la mayoría de ellos afganos. Sin embargo, la mediana actual se sitúa en 4 años; es decir, la mitad de los refugiados del mundo ha pasado ese tiempo o menos en esta situación.

La mayoría, fuera de los campos

Solo un 24% de los refugiados y un 11% de los desplazados internos vive en campos o centros colectivos, según el informe. La mayoría reside en centros urbanos o pueblos donde buscan la seguridad, el anonimato y un mejor acceso a servicios básicos y empleos. Este es el caso de los desplazados en entornos moderadamente desarrollados en Europa, Medio Oriente y América. El estudio afirma que el desplazamiento forzoso es un fenómeno cada vez más urbano, y de único sentido: «El retorno a zonas rurales es raro, especialmente en países en desarrollo». En África, sin embargo, algo más de la mitad de los 4,5 millones de refugiados en el continente aún habita en campos.

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