Los políticos y partidos del travestismo

5/04/2013

Tomas Bermúdez Izaguirre
El travestismo es una identidad política transgénero en la que una persona de determinado género político acostumbra utilizar la vestimenta política-social asignada al género ideológicamente opuesto (cross-dressingpolitic o crossdressing).Los partidos que aspiran a conquistar la mayor porción posible del espacio político, suelen reducir al máximo su ideología, articulándola en tomo a cuestiones sobre las que resulta fácil obtener la adhesión de amplios sectores de la ciudadanía: progreso, libertad, democracia, éxito económico para todos…, etc. Por el contrario, prescinden de airear y sacar a la luz aquellas cuestiones escabrosas y delicadas sobre las que pueden originarse conflictos, especialmente, de carácter ético. Tal estrategia desemboca en lo políticamente correcto, es decir, en admitir la crítica y el debate sobre todo aquello que resulta irrelevante, accesorio, secundario para la propia existencia humana, y en prohibir la discusión sobre decisiones fundamentales y valores absolutos como familia, vida y educación. Como diría Eugenio D’Ors en la ideología de este tipo de partidos, la anécdota ha postergado a la categoría. Fruto de ese relativismo travestido de pluralismo, estas formaciones políticas acogen varios sistemas o escalas de valores diluidos entre sí, sin reconocer la supremacía de ninguno de ellos. Sus dirigentes alumbran un cuerpo ideológico en apariencia plural que puede ser aceptado por cualquier persona independientemente de sus creencias, pero que encierra un evidente componente dogmático al impedir la discusión sobre los grandes principios y valores esenciales para el respeto a la dignidad y a la libertad humana. En lugar de esa discusión, se sitúa el consenso posibilista, que permite dudar y polemizar sobre todo aquello que no ocasione la manifestación de creencias y convicciones, y menos, en su vertiente colectiva. Sin duda, estamos ante partidos timoratos y acomplejados, con cierta renuncia a la iniciativa ideológica, que pretenden acomodarse a los gustos y necesidades de la sociedad. El verdadero punto de referencia de su ideología lo constituyen las encuestas, viven en función del resultado de éstas, las examinan y actúan en consecuencia. Estos partidos suelen ser muy hábiles en su camaleónica adaptación a las mutaciones del electorado, de manera que su identidad ideológica, ya sea conservadora, ya sea liberal, se diluye en una vaga aprensible fórmula de centro. Ante semejantes estructuras políticas, ¿qué debemos hacer los ciudadanos?; ¿a qué grupo o formación podemos encomendar la defensa de la vida, de la familia, de la educación y la libertad? Por supuesto, en el ámbito de la política, tenemos la obligación moral y cívica de elegir las opciones nuestras y si no existen, debemos escoger el mal menor. Los duranguenses debemos reflexionar sobre si es mejor liberar nuestro voto o dejar que continúe cautivo apoyando a partidos como los descritos, que abdican de la defensa de valores trascendentales para el Hombre. Una cosa no debemos perder de vista: Si queremos modificar la situación actual, la innovación ha de proceder de nosotros mismos; si nosotros no actuamos nadie va moverse por nosotros. No lamentemos más la ausencia de opciones que representen coherentemente a nuestros valores cívicos y éticos, no nos quejemos más de la falta de políticos auténticos, empecemos nosotros mismos por ilusionamos y apasionarnos en hacer una sociedad más humana y más productiva. No olvidemos aquello de si no vivimos como pensamos y como creemos, acabaremos creyendo y pensando cómo vivimos…Umbrarum hic locus est. “Este es un lugar de sombras”

Correo electrónico: tomymx@hotmail.com

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