Maduro pierde la llave de la estabilidad en Venezuela

12/05/2013

Cuando Nicolás Maduro afirmó a los medios que no sería un mandatario “débil” durante sus primeros días como presidente constitucional de Venezuela, la advertencia no ocasionó gran relevancia.

Pero a menos de un mes de iniciado su mandato el sucesor de Hugo Chávez ha dejado claro a qué se refería con su advertencia, instado a “no meter las narices” a cancilleres y autoridades de países como Estados Unidos, Perú y España ante los señalamientos de atender las impugnaciones a los resultados electorales, la crisis de desabasto de alimentos y la violencia que aqueja a Venezuela.

“No es extraño que en este momento estemos presenciando un discurso beligerante por parte de Maduro, después de todo tenemos una Venezuela muy polarizada como consecuencia del clima anterior y posterior a las elecciones”, afirmó en entrevista con Excélsior el profesor del  Centro de Investigación de América del Norte, José Luis Valdés Ugalde.

Antes de que venciera el plazo de 15 días hábiles para impugnar los comicios como lo marca la Ley Orgánica de Procesos Electorales de ese país, se presentaron acciones legales para anular los resultados electorales por parte del candidato opositor Henrique Capriles, agrupaciones civiles como la Red de Ciudadanos y el abogado Oscar Arnal.

Mientras el Tribunal Supremo de Justicia del país analiza en las próximas semanas los recursos para la impugnación, el ambiente político al interior del país, pero sobre todo las relaciones diplomáticas con varios países, parecen calentarse.

Uno de los primeros países en apoyar el clamor de la oposición venezolana fue Estados Unidos, cuyas autoridades declararon que había razones para dudar de la limpieza en las elecciones de Venezuela y se ha negado a reconocer el triunfo del nuevo líder de la Revolución Bolivariana.

De hecho, el pasado miércoles el vicepresidente estadunidense, Joseph Biden, exhortó a Maduro a instaurar el diálogo político con la oposición con el objetivo de encontrar solución a la crisis en la que se encuentra sumergido el país y consideró que no están garantizadas las libertades de expresión, asamblea, o la protección a la población de la violencia.

“Podemos sentarnos con quien sea, hasta con el jefe de los diablos: Obama”, respondió Maduro, y afirmó que su gobierno defiende las instituciones, la paz, la democracia y al pueblo venezolano. Estas declaraciones no sorprenden, pues son similares a la relación áspera que Hugo Chávez estableció con las autoridades estadunidenses durante su mandato.

“Esta radicalización del discurso antiyanqui es algo que normalmente recurren cuando (el gobierno de Venezuela) está en crisis interna, Maduro responde a una vieja tradición revolucionaria que hoy ya no le sirve a nadie, menos al pueblo venezolano”, afirmó Valdés Ugalde.

EXCÉLSIOR

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