A mis maestros, con cariño

20/05/2017

Maestro, del latín: magister, -tri-, sujeto que enseña una ciencia, arte u oficio, o tiene título para hacerlo. Persona que es práctica en una materia y la maneja con desenvoltura. Varias definiciones se nos vienen al logos para tratar de especificar, esta noble profesión, de la cual prontamente el individuo tiene contacto desde la primera infancia, y está asociado directamente toda la vida académica de las personas, protagonista muchas veces, odiado, y las otras también en el inmerso mundo del escolapio, más allá de la madurez en los pasillo de la Universidad, el amigo y el ejemplo a seguir en tan docta disciplina que ávidos de sabiduría nos acercamos a este personaje ilustre.

Que con la tranquilidad perenne y sabia experiencia nos explica la solución a la ecuación matemática indescifrable hasta ahora, o nos da el dato pivote del porqué la génesis de una corriente filosófica, o tal vez nos explique e integre un síndrome clínico y nos de la luz en el diagnóstico de un paciente.

En fin este personaje se presenta de diversas formas en el laberinto caprichoso de la vida, título que nosotros los otorgamos aquellos docentes que tienen la cualidad de saber enseñar, más no ser alquimistas de las ciencias ya que a su pérdida física se llevan también su conocimiento a la gloria o al infierno de Dante, maestro es… el que enseña y tiene ese don.

Maestro es el que domina su arte y sin embargo es sencillo, maestro es el que las cosas difíciles las hace fácil al intelecto del indocto, maestro es él que -se desnuda de su petulancia y muestra su logo humilde-, y sin vanidad, maestro es el conocer el oscurantismo pero ser un faro en la islas del saber, un maestro en la extensión de su palabra es el que simplemente hace escuela y queda inmortalizado por su obra en la docencia, y perdura en el recuerdo de sus discípulos, desde las primeras letras hasta en los paraninfos de prestigiosas Universidades del orbe.

Como en una oficina de enseñanza de mi “Alma Mater”, escrito está: “Es preciso que yo disminuya, para que él crezca”, están plasmada en la parte superior a la entrada, seguidamente siempre es comentadle en la cátedra cotidiana en el aula, al joven alumno anhelante de conocimientos: si usted triunfa, el triunfo también a mí me pertenece.

Reciban un caluroso abrazo a mis queridos maestros en el peregrinar por el camino del conocimiento, con el eterno agradecimiento… “Qui bonum respuit consilium, sibi ipsi nocet”. El que rechaza un buen consejo se perjudica a sí mismo.
Comentarios: tomymx@me.com

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