Obama alerta sobre impacto de recortes

2/03/2013

Los estadunidenses entraron la madrugada de hoy sábado en una nueva era propiciada por recortes presupuestales obligatorios que el presidente Barack Obama calificó como “tontos y arbitrarios”, pero simbolizan para muchos la incapacidad de un sistema “trabado” por el rejuego político.

Obama y líderes legislativos de ambos partidos fracasaron ayer en intentos de último minuto para evitar el recorte de 85 mil millones de dólares que afecta sobre todo a gastos relacionados con el mantenimiento de servicios de seguridad en aviación, industria alimentaria, el Pentágono y el Departamento de Seguridad Nacional.

Convinieron, sin embargo, en la necesidad de mantener el funcionamiento del gobierno hasta finales de marzo, lo que de acuerdo con analistas hace menos posible que el gobierno deje de funcionar por falta de recursos aunque los recortes presupuestales se mantendrían por el futuro previsible.

“No deberíamos hacer una serie de recortes tontos, arbitrarios, a cosas de las que dependen los negocios y de las que dependen los trabajadores”, dijo Obama en una conferencia de prensa. Y advirtió: “No todos sentirán el dolor de esos recortes de inmediato. El dolor, sin embargo, será real”.

De acuerdo con los politólogos Norman Ornstein y Thomas Mann, los recortes —que sumarán poco más de un millón de millones de dólares en diez años, provocarán “daños acumulativos” que serán poco visibles en principio. Las “irracionales reducciones en el gasto público” tendrán impacto, señalaron, en el crecimiento económico, la creación de empleos, educación, investigación científica e infraestructura.

Los republicanos insisten de cualquier forma en que el problema no es el ingreso gubernamental, sino el gasto. Obama insistió en que era necesario elevar impuestos a los más pudientes, pero la oposición conservadora rechazó la propuesta.

Los recortes estaban programados para entrar en efecto literalmente en el último minuto de ayer, tras ser ordenadas por un acuerdo en 2011 entre el Congreso y la Casa Blanca.

La medida, determinada en 2011 por la entonces enorme mayoría republicana en la Cámara baja del Congreso estadunidense, ordenó un recorte presupuestal equivalente a un dólar por cada dólar de incremento en el techo de la deuda pública nacional.

El presidente Obama aceptó la medida como forma de lograr la aprobación para un aumento en el endeudamiento, que consideraba como indispensable para sostener el gobierno y prioridades de inversión para mantener índices de recuperación económica.

Pero nadie esperaba que lo que fue esencialmente un acto político-ideológico de la mayoría republicana en la Cámara baja llegara a ser una ley, pese a meses de escaramuzas políticas en los que los republicanos llevaron, hasta ahora, la peor parte.

En las últimas semanas demócratas encabezados por Obama y los líderes de la mayoría republicana en la Cámara baja, que controla el gasto público, se enzarzaron en una “guerra de nervios” que incluyó tenebrosas advertencias sobre las consecuencias del recorte y responsabilizaron al otro lado de jugar por ventaja política.

Según Ornstein y Mann, el problema no es tanto el dinero en juego sino la forma de abordar la problemática del gobierno.

Peor todavía, en el juego de forcejeos políticos la pelea “se retroalimenta” y hace cada vez más difícil un acuerdo, advirtió el analista Ron Brownstein, en The National Journal. Otros apuntan que la animosidad provocada por el choque puede poner en peligro otras prioridades de gobierno, incluso la reforma migratoria.

La Junta Editorial del Washington Post fue más sanguínea: “El Congreso y el presidente Obama han optado por no gobernar… cada lado ha concluido que sus intereses están en permitir que la medida (“sequester”, como se le denominó en inglés) proceda como estaba programado y luego tratar de ganar el juego de la culpabilidad política”.

El editorial calificó el hecho como “abdicación” y eso, apuntó, “es mala política”.

Una encuesta de Gallup consignó por su parte que 44% de los estadunidenses definió la situación como “mala”, “desastrosa” o aún con la frase: “Dios nos ayude”.

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