Papa Francisco llama al fin de la desigualdad

26/07/2013

El Papa hizo un llamado a dejar la indiferencia ante las desigualdades del mundo. Dijo que el poder no da la felicidad

El papa Francisco visitó ayer el complejo de favelas de Manguinhos, donde hizo un llamado a dejar la indiferencia ante las desigualdades del mundo.

En su mensaje ante miles de personas y luego de visitar un hogar de la barriada Varginha, “pacificada” hace cinco años por el gobierno para arrebatar el control a narcotraficantes, el Papa convocó también a la sociedad internacional a trabajar por un mundo en el que exista mayor justicia y solidaridad.

“Nadie puede permanecer indiferente ante las desigualdades que aún existen en el mundo. Que cada uno, según sus posibilidades y responsabilidades, ofrezca su contribución para poner fin a tantas injusticias sociales”, puntualizó el pontífice.

Tras visitar la iglesia de San Jerónimo Emiliani, patrono de los huérfanos y los jóvenes, Francisco agradeció la calidez con la que fue recibido por los habitantes de la favela y recordó la solidaridad que caracteriza a las personas que viven con mayor pobreza.

“Ya sé que cuando alguien que necesita comer llama a su puerta, siempre encuentran ustedes un modo de compartir la comida; como dice el proverbio, siempre se puede ‘añadir más agua a los frijoles’. Y lo hacen con amor, mostrando que la verdadera riqueza no está en las cosas, sino en el corazón, expresó.

“Es bello estar aquí con ustedes. Ya desde el principio, al programar la visita a Brasil, mi deseo era poder visitar todos los barrios de esta nación. Habría querido llamar a cada puerta, decir buenos días, pedir un vaso de agua fresca, tomar un ‘cafezinho’, pero no una ‘cachaça’ (bebida alcohólica), hablar como amigo de casa, escuchar el corazón de cada uno, de los padres, los hijos, los abuelos… ¡pero Brasil es tan grande!”, agregó.

En su recorrido por Varginha, el Papa entró al hogar de una familia para dialogar unos minutos e impartirles su bendición.

El papa Francisco recibió las llaves de la ciudad de manos del alcalde de Río de Janeiro, Eduardo da Costa Paes, en el palacio de gobierno.

Previo a su visita a Manguinhos, el Papa recibió las llaves de la ciudad de Río de Janeiro por parte del alcalde, Eduardo da Costa Paes, en el Palacio da Cidade, una de las sedes del gobierno municipal.

Posteriormente, Francisco bendijo, con mira a los Juegos Olímpicos de 2016, las banderas olímpicas y paraolímpicas y saludó a alrededor de 300 atletas y brasileños.

Al mediodía, el Papa tuvo la oportunidad de encontrarse con los suyos, con la juventud católica de Argentina, presente en Río de Janeiro para la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud.

En el encuentro, en el que fue recibido al interior de la Catedral de la ciudad como un héroe nacional, Francisco aseguró que la civilización mundial “se pasó de rosca” debido al culto que ha hecho al dios dinero.

“Los jóvenes tienen que salir a luchar por los valores y los viejos abran la boca, los ancianos abran la boca y enséñennos, transmítannos la sabiduría de los pueblos”, afirmó.

Hace a un lado el dinero

El papa Francisco pidió ayer a los jóvenes católicos que “pongan a Cristo en sus vidas” y les dijo, en su homilía en la playa de Copacabana, que el dinero y el poder no dan la felicidad.

“Pero no es así. El tener, el dinero, el poder pueden ofrecer un momento de embriaguez, la ilusión de ser felices, pero, al final, nos dominan y nos llevan a querer tener cada vez más, a no estar nunca satisfechos. ¡Pon a Cristo en tu vida, pon tu confianza en él y no quedarás defraudado!”, dijo Francisco ante cientos de miles de jóvenes de 190 países durante la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

Aseguró que la fe lleva a cabo en la vida de los hombres una revolución “copernicana, porque nos quita del centro y pone en él a Dios”. La fe, dijo, es revolucionaria.

“La fe nos inunda de su amor que nos da seguridad, fuerza, esperanza. Aparentemente no cambia nada, pero en lo más
profundo de nosotros mismos todo cambia. En nuestro corazón habita la paz, la dulzura, la ternura, el entusiasmo, la serenidad y la alegría, que son frutos del Espíritu Santo y nuestra existencia se transforma, nuestro modo de pensar y de obrar se renueva, se convierte en el modo de pensar y de obrar de Jesús, de Dios”, precisó.

El obispo de Roma también exhortó a los jóvenes a no tener miedo a pedir perdón a Dios. “Él no se cansa nunca de perdonarnos, como un padre que nos ama. ¡Dios es pura misericordia!”.

“Jesús nos espera. Él cuenta con nosotros”, agregó el máximo jerarca católico.

Miles de jóvenes saturaron los sistemas de transporte de la ciudad de Río de Janeiro con el objetivo de trasladarse hasta la playa de Copacabana para darle la bienvenida oficial al papa Francisco a la JMJ.

Las principales avenidas de la ciudad carioca se llenaron de jóvenes que portaban banderas de países como Argentina, México, Polonia, Irlanda, China y Japón, mientras que en el Metro de la urbe se podían escuchar conversaciones en alemán, inglés, español y portugués en un mismo vagón.

En los andenes se escucharon tambores, guitarras y porras para demostrar el afecto por el papa Francisco. Debido a la alta concentración de personas, el gobierno de la ciudad indicó que el Metro y los servicios de autobús ofrecerán servicio las 24 horas del día.

“He conocido gente de todo el mundo, estoy muy contenta porque veré y escucharé al Papa. A pesar de la lluvia y el mal clima he salido a caminar con mis amigos por la calles de Río y he participado en las actividades de la Jornada”, detalló Ximena Arrieta, joven mexicana proveniente de Guadalajara, Jalisco.

Mientras tanto, la lluvia obligó a anular una vigilia de jóvenes y a transferir la misa de clausura de la JMJ de un terreno baldío a 60 kilómetros del centro de Río a la playa de Copacabana, anunciaron ayer los organizadores.

“Debido a las condiciones climáticas, los eventos programados para el campus Fidei, en Guaratiba, serán realizados en la playa de Copacabana”, indicaron mediante un comunicado.

Scarano se defiende en carta

Monseñor Nunzio Scarano, quien fuera el jefe contable de la APSA (Administración Pontifica para las Sedes Apostólicas), detenido desde el pasado 28 de junio por corrupción y calumnia al interior del Banco del Vaticano, escribió una carta al papa Francisco donde se declara inocente y le ofrece ayudarle en las investigaciones que ha emprendido.

“Santo Padre Francisco, yo nunca he reciclado dinero sucio, nunca he robado, siempre he tratado de ayudar a quien lo solicita”, son las palabras de Scarano desde la cárcel romana de Regina Coeli, en donde está detenido por intentar transportar de Suiza a Italia 20 millones de euros.

En la carta, fechada el pasado 20 de julio, Scarano señala: “Pedí ayuda al cardenal Stanislao Dziwisz, secretario personal del beato Juan Pablo II y una audiencia al cardenal Angelo Sodano. Yo, a cargo de la APSA, era el único padre y podía hacer muy poco”, señaló.

“La documentación que estaba en mi posesión es prueba de mi honestidad y de las batallas contra el abuso de mis superiores laicos, cubiertos de algunos cardenales”, dijo Scarano sin especificar nombres.

Aseguró poder entregarle al Papa en secreto los documentos que tiene “que refuerza fuertemente su gran valor para reordenar finalmente la triste realidad administrativa, económica y financiera de la Santa Sede, además de todos los abusos anexos y conexos”.

Sacarano aseguró en su carta que todas las operaciones bancarias que hizo en el Instituto para las Obras de la Religión (IOR) fueron siempre hechas bajo el consejo y asesoría “de la dirección de los señores dirigentes”, y que nunca abusó de cortesías o de otras cosas del género.

Casi al final de la carta, Scarano, también conocido como “Don 500”, pues sus allegados decían que se caracterizó por traer en su cartera sólo billetes de esa denominación, hizo un resumen sobre algunas cuestiones de su vida privada.

“Fui camillero en Lourdes por 26 años y afectado de una horrible enfermedad a la edad de 17 años por lo que me operaron muchas veces. Conozco el sufrimiento físico y el dolor que se prueba en curar a los enfermos, pues hice voluntariado en hospitales por ocho años antes de iniciar mi trabajo en el Vaticano.”

“Por este motivo ahorraba, y gracias a mis benefactores, aquel dinero que pronto tuve y desee lo quería utilizar para construir la casa para los enfermos terminales en Salerno, para aquellas personas que no tienen la posibilidad de ser curadas en la última fase de su vida”, puntualizó Sacarano en su carta para el Papa.

Excelsior

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