Por los Pasillos del Hospital General

21/10/2010

La concepción tradicional del hospital, tal como lo conocemos hoy, circunscribe su razón de ser a la asistencia de enfermos.

En distintas etapas históricas, han encontrado cobijo en sus salas todo tipo de seres humanos que padecían heridas de guerra, enfermedades infecto-contagiosas, trastornos clínico-quirúrgicos de todo tipo y enfermedades mentales. En algunos casos, como el eufemísticamente llamado Hôtel Dieu de París, también fue refugio de menesterosos.

Desde que la medicina comenzó a entenderse como una disciplina susceptible de ser transmitida de maestros a discípulos (es decir, desde la más remota antigüedad), surgió el convencimiento de que era imposible tal proceso enseñanza-aprendizaje sin recurrir a los enfermos del hospital. En todas las escuelas médicas del mundo se instituyó esta práctica y el hospital estuvo siempre cercano a ellas. Nacieron entonces los hospitales escuela (teaching hospitals de los anglosajones). Abraham Flexner  fue tal vez el más ferviente propulsor del hospital universitario, proponiendo un modelo de educación médica centrado en el individuo y teniendo como base fundamental la práctica hospitalaria.

Esta concepción de la educación médica coincidió con el auge y desarrollo de múltiples especialidades y subespecialidades con la consiguiente atomización de la medicina. Las últimas décadas del siglo XX se caracterizaron por un avance significativo de la atención ambulatoria, fundamentalmente basado en la disponibilidad de tecnología aplicable en ese contexto y de procedimientos quirúrgicos poco invasivos, como así también de prácticas  intervencionistas realizadas con la ayuda de los cada vez más perfeccionados estudios imagenológicos.

La nueva realidad médica conllevó el descrédito de la formación de internistas expertos en práctica hospitalaria en beneficio del surgimiento de profesionales con especial entrenamiento en medicina ambulatoria. Sin desconocer esta situación, ni mucho menos propugnar el retorno liso y llano al modelo flexneriano, es necesario rejerarquizar el rol del hospital en su relación con la formación de recursos humanos, a todas luces, los más valiosos de los recursos.

El paciente internado, de suyo más complejo, requiere en su análisis un circuito de pensamiento que todo internista debe desarrollar. El clínico moderno debe tener capacidad para resolver este tipo de problemas tanto en pacientes internados de un hospital polivalente como en áreas de cuidados críticos.

Los sistemas de salud no deberían anclar su mirada en la atención médica cotidiana y mayoritaria. También es su responsabilidad bregar por la formación de los mejores médicos, capaces de resolver problemas complejos, tanto en el terreno de la clínica como de la cirugía y para ello es esencial la preservación y jerarquización de los hospitales escuela.

Seguramente, algún funcionario medico -político, a cargo de la planificación sanitaria, con una visión puramente cuadrada -política, podrá argumentar que este tipo de hospital encarece la atención médica. Esto tal vez se explique porque los médicos en formación, al corriente de los más recientes avances científicos,  solicitan estudios o ponen en práctica procedimientos de mayor costo.

Es reconocido en todo el mundo, sin embargo, que los teaching hospitals practican una medicina de mejor calidad y que la educación médica en el hospital es una de las principales responsabilidades del estado. Y si les cuesta convencerse de esto, habrá que decirles, como Derek Bok, ex presidente de Harvard University: “Si ustedes creen que la educación es costosa, prueben con la ignorancia y la mediocridad”. Papulas alienat observat, ipse plurimis ulceribus obsitus, “Cubierto de úlceras, observa las pústulas de otro”. Jóvenes Volver A Pensar.

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