El suicidio de un yihadista clave en prisión desata la polémica en Alemania

13/10/2016

Lluvia de críticas a los responsables de custodiar a una fuente esencial para la investigación del ISIS.

Perplejidad. Fiasco. Pérdida total del control. Estas y otras expresiones de impotencia se oían en la mañana del jueves en las bocas de los dirigentes políticos, expertos y periodistas de Alemania. Todos se habían quedado atónitos pocas horas antes, al enterarse de que el que debería ser el preso más vigilado del país se había suicidado en su celda de la prisión de Leipzig. Jaber Albakr, el refugiado sirio detenido el domingo, cuando planeaba un atentado yihadista para esta misma semana, se colgó en con la ayuda de una camiseta, según confirmaron las autoridades de Sajonia –el Estado donde vivía y fue capturado el supuesto islamista- en una concurrida rueda de prensa. Este patinazo evidente se une a los numerosos errores que han rodeado al caso Albakr.

“No debería haber ocurrido, pero ocurrió”, comenzó su intervención el ministro de Justicia de Sajonia, Sebastian Gemkow. Flanqueado por el director de la prisión y otras autoridades del Estado, el ministro aseguró que los psicólogos no habían detectado en Albakr –un islamista que, según todos los indicios, estaba dispuesto a suicidarse para cometer un atentado de grandes proporciones en Alemania- “un fuerte riesgo de suicidio”. Los responsables establecieron un régimen para controlar cada 15 minutos al preso, pero el miércoles un grupo de expertos y psicólogos decidieron relajar los controles, y llevarlos a cabo cada media hora.

El responsable de la cárcel dijo que la actitud del sirio de 22 años no hizo pensar en la necesidad de pedir un traductor. Pese a decir, al ser preguntado por un periodista, que Albakr estaba “tranquilo”, confirmó que este había destruido una lámpara y había manipulado un enchufe. Pero los responsables del centro interpretaron estos actos como “simple vandalismo” y no como un intento de suicidio.

La rueda de prensa ha tenido momentos surrealistas. Como cuando a la pregunta de por qué el lunes, cuando Albakr ingresó en la cárcel, no había un intérprete, el director del presidio respondió: «Cada día tenemos entre 10 y 15 entradas. No puede haber intérpretes para todos».

La muerte de Albakr es el colofón para una actuación de las fuerzas de seguridad muy criticada. “El Estado ha desempeñado un trabajo muy, muy bueno”, dijeron orgullosas las autoridades sajonas tras la captura del joven yihadista. Poco más tarde se sabría que la detención había sido posible gracias a la colaboración de otros refugiados también de nacionalidad siria. También que Albakr había podido ir y volver a Turquía y Siria después de llegar como refugiado a Alemania, algo que en teoría no podría haber ocurrido sin una autorización estatal.

El ministro del Interior, Thomas de Maizière, admitió el miércoles que estos viajes, simplemente, habían pasado inadvertidos. El sábado, además, Albakr había podido escapar del cerco establecido por la policía de Sajonia, y recorrer sin problemas 85 kilómetros al viajar de Chemnitz a Leipzig.

“Lo ocurrido no es solo una tragedia para el afectado. Es una tragedia para los servicios de seguridad de nuestro país”, aseguró este jueves el diputado democristiano Wolfgang Bosbach. “Es un completo fracaso haber perdido una fuente de información y un testigo tan importante que podría haber clarificado muchas cosas”, añadió el portavoz de Interior de Los Verdes, Konstantin von Notz.

Deja tu comentario

Más información sobre:

loading...

Suscríbete y recibe las noticias en tu correo

* Obligatorio