Un cisma conciliar

8/03/2013

Tomas Bermúdez Izaguirre
Extasía que haya sido el mismo Joseph Ratzinger el que dispuso su título de “su santidad Benedicto XVI” o «Pontífice o Papa emérito» y que seguiría vistiendo de blanco. No es una formalidad. Los cardenales no sabían cómo podría llamarse a un «Papa» que renunció a serlo.

El que debería haberse llamado a partir de su renuncia “cardenal Ratzinger”, decidió que seguirá con el nombre de “Papa Benedicto XVI”, que escogió el 19 de abril de 2005, cuando el «Cónclave» lo proclamó nuevo «obispo» de Roma. Seguirá también vistiéndose de blanco, como el nuevo «Papa» y no de negro como los cardenales. Entregó el «anillo de pescador» que él mismo se hizo labrar por un orfebre italiano, que será “anulado”, no destruido. Se despojará de los zapatos rojos para calzar unos marrones, regalo de mexicanos. Los anillos papales se destruyen a la muerte del pontífice porque antiguamente los papas sellaban con ese anillo los documentos papales. Se destruían para que nadie pudiese usarlo ilegalmente firmando documentos falsos. Benedicto XVI ha sabido gestionar hasta en los más mínimos detalles su renuncia y su futuro.

Además de decidir el día y la hora en que dejó de ser Papa, también decidió dónde pasará los dos próximos meses: en el castillo de Castel Gandolfo Ratzinger podría vivir donde quiera, en su casa en Alemania, o en algún otro país, o donde quisiera. Pero decidió seguir viviendo dentro del Vaticano, a menos de cien metros del nuevo «Papa», en un convento ubicado en los Jardines vaticanos. La situación inédita de la coexistencia de dos «Papas» vivos por primera vez en la historia, lleva a preguntarse si Joseph Ratzinger no será una presencia incómoda para su sucesor. En sus últimos días como «Papa», Benedicto dejó varios indicios de que su influencia sobre la dirección de la nueva iglesia podría prolongarse. La secta conciliar tendrá que convivir con dos Papas: uno formal, el que saldrá del Cónclave y otro “emérito”, que se despidió con misteriosas palabras que deberán analizarse con lupa. En su último discurso a los fieles en la plaza de San Pedro, dijo: “Mi deseo de renunciar al mandato Petrino no revoca la decisión que tomé el 19 de abril de 2005. No regresaré a la vida pública. No abandonaré la cruz”.

El hereje suizo Hans Küng, lo dijo claramente en una entrevista con el semanario alemán Der Spiegel: “Benedicto XVI podría convertirse en un Papa en las sombras y ejercer una influencia indirecta aun después de su renuncia. Y a ningún prelado le gusta tener a su antecesor mirándolo por encima del hombro”. Al despedirse de los cardenales, el Papa abdicante hizo una previsible promesa de “reverencia y obediencia incondicional” a su heredero. Pero la enigmática frase a la que nos hemos referido, ¿Qué significa? ¿Qué fue lo que decidió el día en que fue elegido papa y a lo que hoy no renuncia? ¿Qué quiere decir con que “no abandona la cruz”? En teoría, si la suya fuera la verdadera Iglesia, la cruz que él tomó sobre sus hombros el día de su elección, sería la de cargar con el peso y la responsabilidad del gobierno de la Iglesia Universal, a la cual, ningún verdadero Papa ha renunciado por los motivos que él aduce, pero este no es el caso, ¿a qué se refiere? Ahora, el mayor problema para el nuevo «Papa» será cómo convivir con su antecesor aún vivo, vestido de blanco como él, que ha querido vivir a su lado y que ha dado a entender que no descuidará lo que decidió el día en que fue elegido «obispo» de Roma.

Se dice que todo dependerá de la personalidad del nuevo elegido, que si como se espera, su sucesor fuera de alguna forma indicado por él, con sus mismos principios teológicos y visión del mundo y de la «Iglesia», la misión del nuevo «Papa» sería fácil. De alguna forma reinarían juntos sobre la «Iglesia». Pero en realidad, ¿es eso lo que quiere Ratzinger? El Cónclave puede ofrecer una sorpresa al mundo y nombrar a alguien con deseos de más reformas, con decisiones inesperadas. Quizás se debe a ese plan la renuncia de Ratzinger, dado que su falsa imagen era la de un «conservador», «amigo de la Tradición». De todas formas, después de haberse acostumbrado a las «candilejas» ¿se resignará Ratzinger a pasar a segundo plano? Sus fieles quieren que siga siendo «Papa». ¿Se dará la paradoja de un cisma en la secta conciliar? ¿Será esto lo planeado para sembrar más confusión y destrucción? Instar aquae tempus. El tiempo es como el agua.

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