“El día después del domingo”

2/07/2018

Tomas Bermudez Izaguirre

La patria amanece hoy lamiéndose las heridas de lo que ha sido una de las campañas más tirantes en épocas recientes. Somos un país dividido por la ideología y la geografía. Aun así, debemos poner las cosas en perspectiva. No somos los únicos en el tiempo y el espacio en esta coyuntura: otras democracias enfrentan retos similares –o peores– al nuestro. Generaciones previas de mexicanos también vivieron episodios de profunda división política, incluso violentos. Hay maneras de salir de este lodazal. Primero, debemos lidiar con los desafíos que el siglo XXI le está arrojando a democracias consolidadas como la nuestra. El elefante en el cuarto es el papel que desempeñan las redes sociales como megáfonos de masas que otrora no tenían voz.

Estas herramientas han democratizado el acceso y la oferta de información, pero su lado oscuro está en cómo se prestan para la manipulación de noticias, “fake news” y el endurecimiento de sesgos y prejuicios ideológicos. Es posible que la acrimonia que predominó en las redes sociales durante esta campaña sea tan solo una etapa tempranera de inmadurez en un proceso de aprendizaje que nos conducirá a su uso más responsable. Estas tecnologías llegaron para quedarse, de tal forma que, o aprendemos a dominarlas, o ellas contribuirán al deterioro irremediable del debate político nacional.

No debemos olvidar que las diferencias de opinión son consustanciales a una sociedad pluralista. En lugar de satanizar la divergencia, hay que saber tolerarla. En ese sentido, es imprescindible reconocer la legitimidad de quienes nos adversan y que discutamos sin cuestionar de inmediato la integridad y las intenciones de nuestras contrapartes. Precisamente porque somos un país diverso –y que estas diferencias nos enriquecen– debemos aspirar a ser una de esas naciones donde ciertos pilares de convivencia social gozan de un alto grado de consenso. “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, lo resumió el Benemérito. Eso apunta a una Patria donde cada persona sea dueña absoluta de su vida, anhelos y sueños, y donde el respeto a la autonomía individual constituye la base para una convivencia pacífica.

Y si no ¡Que la Patria os demande! Pero… Prefiero pensar en levantarme el lunes 2 de julio con la seguridad de contar con un presidente que cumpla con la Constitución y las leyes construidas en democracia, que respete la libertad de expresión y no cierre o compre los medios de comunicación. Prefiero un lunes en el que se respetará la propiedad privada y en el que las acciones de las principales empresas del país no se desplomarán en la bolsa de valores, en el que la economía no se desquiciará por el natural temor que generaría el triunfo de un candidato que no ha ocultado su interés por “revolcar” la economía, bajo el falso concepto de que “la riqueza es de quién la necesita y no de quien la crea”, olvidando que todos y cada uno de los mexicanos generamos la riqueza de la Patria con nuestro esfuerzo y trabajo.

Prefiero un “día después”, en el que renazca la esperanza de la unidad entre los mexicanos y no la división de clases que lleva al discurso del odio social. Un día después en el que pasemos de la retórica de un proceso de gobierno fallido, a un gran pacto nacional de reconstrucción de la Nación, sin campo para la corrupción, impunidad y el narcotráfico, cuyo garante sea una Fuerza Pública respetada y valorada. Un “día después”, en el que la salud no esté manejada por ineptos y que realmente el pueblo reciba el derecho a la salud. No quiero para mi familia ni para los niños de México, que el “día después”, empecemos a recibir cartas de las escuelas y universidades en las que se nos notifique cuales serán la nueva cátedra obligatoria impuesta por el Estado para educar las nuevas generaciones en la ideología del “régimen”.

Temo a que el “día después” sea aquel en el cual se revoque el recientemente elegido Congreso de la Unión, para reemplazarlo por una Asamblea Constituyente destinada a amarrar las mayorías legislativas que no se ganaron en las urnas. Sueño, anhelo y espero un “día después” en el que los mexicanos no nos levantemos con miedo y podamos decir a quienes amamos, que México no está en riesgo de caer en el abismo, que habrá paz para los niños, los jóvenes, los adultos y nuestros viejos, por qué fue elegido un hombre que respetara el Estado de Derecho y no descansarán en su empeño por que México continúe siendo una Democracia. “Saepe creat molles aspera spina rosas”. A veces, las espinas más ásperas producen las flores más suaves.

Comentarios: tomymx@me.com

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