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Author Fecha 8/04/2011

El Caifán está de vuelta. Tras años de especulaciones y rumores finalmente, una de las bandas de rock más importantes de la escena nacional hará vibrar a la capital con los acordes de aquellas canciones que convirtieron en himnos de una generación que emergió del underground para tomar por asalto los principales foros musicales.

Foto tomada de Excélsior

Como no podía ser de otro modo, el reencuentro de los cinco caifanes se dio en medio de polémicas aunque sus principales protagonistas, el cantante Saúl Hernández y el guitarrista Alejandro Marcovich, han echado por tierra los comentarios incendiarios para concentrarse en su música que, a la par de otras bandas como Héroes del Silencio, Los Fabulosos Cadillacs y Soda Stereo, los ha colocado como pilares del rock en español.

Para Saúl, volver a tocar con sus compañeros, Alejandro Marcovich, Diego Herrera, Alfonso André y Sabo Romo, fue una experiencia que les permitió darse cuenta de los alcances que tuvo la banda que, desde 1988 con el debut de su disco homónimo, no dejó de crecer gracias al sentido de identidad y pertenencia que siempre buscaron imprimir a sus creaciones.

“Nos encontramos con mucha ilusión y por medio de un diálogo tan poderoso como la música. Parece que pasaron 15 minutos y no 15 años desde que nos fuimos, seguimos siendo los mismos irreverentes y torpes. Todo es tan disperso hasta que empezamos a tocar, entonces se crea un sonido sólido, indestructible y un rollo de comunicación bien poderoso.

“Creo que el resumen de esto es el agradecimiento de poder estar vivos, de estar haciendo esto para darle un poco de luz a la gente por medio de la música, que salgan del concierto por lo menos con un momento de paz interior, finalmente esto es un resumen de una historia de amor”, explicó el cantante.

Para su presentación en el Vive Latino, en el escenario principal y como responsables del cierre de la jornada sabatina, Saúl sabe que enfrentará a un público desconocido, integrado en su mayoría por gente que jamás tuvo la oportunidad de escucharlos en vivo. Su propia hija desconoce el fenómeno que puede representar la banda que encabezó su padre desde abril de 1987 cuando ofrecieron su primer concierto en el extinto foro Rockotitlán.

“Mi hija tiene a Caifanes como una parte de la historia de su papá que no conoce. Sabe que algo pasó antes, sabe que hay un Godzilla que no ve muy claro y mucha gente como mi hija tiene esa curiosidad de vernos por primera vez juntos”.

Para conquistarlos, la agrupación, que a lo largo de su trayectoria profesional editó cuatro discos de estudio, ya trabaja en el diseño del set que presentarán en lo que será la materialización de un deseo largamente añorado por sus miles de seguidores que, a dos semanas del concierto, agotaron las localidades del festival.

“Por más que uno trata de controlar las emociones me imagino que el nudo en la garganta se va a deshacer en dos segundos y probablemente las de cocodrilo empiecen a rodar en ese momento por la emoción de recuperar una vida, individuos y una historia.”

Sobre la elección del festival como el primer concierto de su reencuentro —el segundo será el viernes 15 en el Festival Coachella— Saúl la atribuyó a la necesidad de Caifanes por ser parte de un movimiento.

“Me gusta que Caifanes haya salido, no con una actitud triunfalista, sino en una participación con muchos grupos, con el mensaje de que seguimos siendo parte de un movimiento”.

Asegura Saúl que las puertas al futuro están abiertas aunque sin planes confirmados. Una gira es probable tanto como un disco nuevo, sólo el tiempo y una intensa plática entre los cinco involucrados lo decidirá.

“Después de estos conciertos vamos a platicar, como viejos amigos, como nuevos conocidos, porque cada uno tiene su vida y su familia, su historia y su carrera. Quiero dejar que el destino participe en esta decisión y que la vida y el tiempo sean cómplices y aliados que nos ayuden a tomar decisiones correctas y justas.”

Caifanes según Saúl:

Sabo: Le da una solidez y una estructura indestructible.

Alfonso: Le da un lenguaje muy cachondo con su manera de tocar y muy seductivo en su batería y en sus ideas.

Alejandro: Le da un sonido único y una locura maravillosa donde su creatividad se desborda.

Diego: Es una mente muy elegante en sus estructuras y su discurso armónico, es un príncipe musicalmente hablando que le da ese sonido de elegancia a Caifanes con esos sonidos muy particulares.

Saúl: Yo sólo soy un pretexto, lo único que aporto son mis canciones.

 

El caifán no es como lo pintan

El grupo vivió el amor y el odio con su respectivo esplendor y caída justo en el pináculo de la carrera de la, posiblemente, mejor banda de rock que ha tenido México

A poco más de 15 años de su separación Caifanes está de vuelta, la batalla de egos entre Saúl Hernández y Alejandro Marcovich parece que llegó a su fin y se reencuentran para actuar con la alineación original en el Festival Vive Latino. Pero, específicamente, ¿qué propició la ruptura? Es algo de lo que el grupo no quiere hablar y por ende es el leitmotiv de este texto fincado en hechos reporteados, por quien lo escribe, y no en simples hipótesis.

Antes de su último concierto, realizado el 18 de agosto de 1995 en San Luis Potosí, a la tensión entre el vocalista y el guitarrista se sumó el cáncer en las cuerdas vocales de Hernández y un accidentado concierto en la explanada de la delegación Venustiano Carranza que propició el veto a este tipo de masivos al aire libre durante algún tiempo.

Lo bueno

La aportación de Caifanes a la cultura musical y específicamente al rock de manufactura nacional es indiscutible. Pues con tan sólo cuatro discos marcó a la generación de finales de los 80 y principios de los 90 mediante un sincretismo sonoro donde sudaban las influencias y raíces mexicanas. Nada fácil de conseguir para un grupo al que en sus inicios un ejecutivo discográfico de la CBS rechazó, tras oír su demo de Será por eso, para vociferar “aquí vendemos música, no ataúdes”.

Las iniciales comparaciones con The Cure y Soda Stereo se apagaron ante el talento y carisma de su cantante y principal autor, que como artífice de la banda hizo que sus composiciones pletóricas de furia y poesía se convirtieran en el soundtrack de una legión de fieles fans.

Como bien lo acertó Hernández: “antes de que nos olviden haremos historia”. Y así fue, pero ahora la pregunta es si podrán recuperar la calidad en letras y música que alcanzaron, sobre todo en sus dos últimos discos El silencio y El nervio del volcán. Pues aunque no lo digan, después del Vive Latino podría venir un disco de retorno de la alineación original de Caifanes que garantizaría un éxito discográfico para su nueva compañía, EMI Music.

Lo malo

La banda nunca entendió o quiso asumir que el protagonismo de Hernández, el caifán mayor, no era sólo con sus fans, sino también ante los ojos de la mánager del grupo, Marusa Reyes. Un comentario que lo ejemplifica fue cuando viajábamos a Nueva York a los premios MTV Video Music Awards de 1994, donde la banda estaba nominada. En pleno vuelo me preguntó qué me parecía el entonces nuevo disco El nervio del volcán e ingenuamente contesté que el sonido era estupendo y fincado en la guitarra de Marcovich.  Su comentario, sin derecho a réplica, fue casi una declaración de principios: “Recuerda que Caifanes es Saúl”.

La mala racha por la que atravesó la banda se inició con la enfermedad de Hernández, el masivo en la Venustiano Carranza, a lo que se sumó la declaración de su representante al asegurar que el PRD había hecho proselitismo en el acto y repercutió en una amenaza de demanda del partido del sol azteca, para culminar con la expulsión de Marcovich y la desintegración.

Hace 15 años se manejó que los derechos de explotación del nombre Caifanes se los apropió Marcovich, cuando en realidad éste fue el único que no aceptó cederlos a la disquera BMG y por ende obligó a la creación de una nueva banda producto de glorias pasadas: Jaguares.

Y lo feo

La relación de este reportero de música con la fuente, llámese Caifanes, se empezó a viciar al ser condicionada con declaraciones off the record y acuerdos verbales de confidencialidad que impedían el libre oficio. Por ello, al difundir la delicada salud vocal de Hernández, que ya todo México sabía, el vínculo periodístico se fracturó para siempre.

En ese entonces, como ahora, la banda apostó al silencio. Investigué el nombre que usarían y lo conseguí, así que la exclusiva mundial que habían pactado con MTV Latino para difundir a Jaguares ya no lo fue. Lo que repercutió en un veto indefinido por, según me dijo un ejecutivo de su otrora disquera, “publicar cosas en los tiempos incorrectos” y “ventilar secretos”, a lo que repliqué: “los tiempos los fija el periodista, no la fuente… Soy un reportero, no un confesor”.

La última charla terminó acaloradamente por teléfono con el baterista Alfonso André, quien me dijo que los Caifanes (ya en ese momento sólo Hernández y él) estaban desilusionados de mí; respondí que el sentimiento era recíproco para después soltarle una frase robada a Truman Capote, de su polémico libro Answered Prayers: “No sé porque se han enfadado tanto… ¿A quién creían que tenían ante ustedes, a un bufón de palacio? Pues tenían a un periodista”.

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Categoria: Farandula

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