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Author Fecha 4/03/2011

El hombre de hoy se halla perplejo. Las grandes coordenadas de la cultura recibida se tambalean, como fruto de un ataque sistemático demoledor. Los esquemas educativos, desde la Colonia a la democracia, han fracasado. La libertad de cátedra la conquistaron muriendo por la verdad, la confirmaron los mártires desafiando el poderío de los Cesares actuales y pasados. De esta suerte, lo que entendemos por civilización  supone el ejercicio de reunión, de expresión, de enseñaza que ejercitamos los universitarios para comentar los sucesos de orden publico y tomar frente a ellos  las decisiones que imponen la conciencia por encima de leyes, instituciones y gobiernos.

Pero se sabe por experiencia que, “rectorados” repetitivos, pueden ser instrumentos del mal cuando caen en manos de ignominiosos. Siempre he manifestado que la conciencia humana, es legataria y depositaria de los principios indestructibles de la Ciencia y el Bien y, en consecuencia, esta obligada a cuidar de que cada época ajuste su conducta  y sus instituciones a las verdades de una moral absoluta. En esta defensa suele no bastar la palabra, pero es preciso  que la palabra se formule si queremos, que después opere la justicia en forma de sanción y de castigo. En la sociedad moderna ha solido ser la expresión el instrumento de las protestas públicas en contra del abuso y la injusticia. Ante las traiciones de conciencia, que en la mayoría de los casos no son imputables al Académico, la responsabilidad de proclamar los anatemas que no pueden sofocarse sin que el alma envilece y es noble cuando se convierte en preámbulo de la conspiración que acaba por dar fuerza a la justicia.

El Universitario moderno tiene, de esta suerte, la misión de recoger las voces dispersas de la indignación publica encarnandolas en informaciones  cuya trascendencia tendrá mas fuerza mientras mas cerca se halle del conflicto, y sea depositario de la verdad, el académico también, a menudo, sirve para advertir al publico y prevenirlo contra el escarnio, rumores, mofas que pagan los malvados  creyendo que es posible conquistar, por el engaño, el futuro de la universidad. Que ocurrente gritar ¡Goya¡ ¡Goya¡ sin saber el adjetivo real es: VIRTUTI ET MERITO que es la esencia de la máxima casa de estudios de Durango, Nuestra Universidad, señores Sayones de la educación dejen de sangrar a la Universidad, permitan reordenarla, no la ultimen. En Colofón, la generalidad de los académicos mantenemos al Rectorado Tomista. Ius ubique dicendi “Derecho de hablar en todas partes”. Jóvenes Volver A Pensar

Tomas Bermúdez Izaguirre

Correo electronico:tomymx@hotmail.com

 

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