#OPINIÓN ¿Qué futuro hay para México?

21/11/2019

El patriotismo, el amor a la Patria, la parte de nosotros mismos que compartimos con los demás, hay que formularlo en términos de pensamiento y acción, en términos de práctica, que lo laven de ciertas retóricas que hasta en su día fueron falsas, y de todo lo temporal que unos y otros, acumulamos sobre él.

A pesar de unas instituciones corruptas y dominadas por una arrogante cleptocracia partidista, y de que han sido reinstauradas las ideologías, impuestas a través de pactos globalizantes y de personajes descalzados que no han sabido ver que la única forma de ser de México reside en el común múltiplo y no en el común divisor (liberales y conservadores), todavía nos queda el mismo México.

El tiempo se llevó lo temporal de México, como suele hacerlo, y otros tiempos llegaron y se fueron, con su desarrollo económico, social, con su ilusión y con su fracaso.

De ella perviven asuntos esenciales: Su unidad ante el destino, sus síntesis históricas; su vocación para la empresa universal y lo que en otra parte se ha llamado su realismo espiritual, esa dificultad permanente de cabalgar sobre la física y la metafísica a la vez, sabiéndonos en tránsito hacia la eternidad y forzados, para ganarla, a actuar con honestidad y nobleza. Eso queda.

De acuerdo que sepultado en muchas ocasiones por nuestra propia vida económica, por las complejas interacciones de la sociedad actual, pero vivo en cualquier caso en la soledad de cada conciencia.

Lo que queda del México viejo en este México de nuestras furias es, por un lado, lo que desde fuera se nos ha impuesto como novedad: ideologías servidas por partidos hechos desde arriba, con dinero y con mass-media; instituciones semejantes a otras instituciones, aquí fracasadas, y a las de otras naciones que tienen otra historia y otra gente. Pero también queda de México el atisbo de que al futuro hay que ir con el bagaje propio y las respuestas propias.

Queda el realismo auroral, realismo de la Patria como comunidad general más allá de los intereses individuales; queda la experiencia de que la división se puede superar con objetivos comunes y que en cada momento debe de hacerse lo que es necesario para mantener el rumbo, y no lo que dice la ideología de referencia. Hoy, como ayer, el camino de la unidad es el único posible.

Hoy, mejor que ayer, está más cerca de nosotros, porque la sociedad actual la necesita con más urgencia y es, por lo tanto, mucho más receptiva a la voz que le proponga un medio para superar el inmovilismo economico, la inseguridad, la inpunidad, la corrupción, y la inoperancia que nos conduce a todos de nuevo a la decadencia, a la miseria y al caos.

Esa idea de renovación, de búsqueda de lo que somos y de misión para nuestra patria, está en el aire y nace espontáneamente en muchos lugares. Sucede algo nuevo: Un movimiento hacia México que va haciéndose de abajo hacia arriba, y que manifiesta, a la vez que desprecia hacia las ideologías actualmente en el poder. Jóvenes a la lucha política. Noli inter eos ambulare quorum esse adhuc potes servus. “No camines junto con aquellos de quienes podrías ser esclavo”.

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