Tomas Bermúdez Izaguirre
El hombre puede tomar unas decisiones que le aportan bienestar y otras que le producen desdicha, como desafiar la mayoría en un “juego” democrático y puede obrar contribuyendo a la felicidad o a la infelicidad de los demás ciudadanos. ¿Cuál es el papel de la razón en ese ámbito, que es el de la ética? La razón descubre correlaciones factuales: a nivel del mar el agua hierve a cien grados, de donde se deduce que para vaporizarla habría que elevar su temperatura. Las cosas dependen de su contexto, y alterando éste se modifica el estado primitivo de aquéllas. La razón enseña qué hay que hacer si se desea disponer de vapor de agua. El logos no obliga a preferir el agua líquida a la gaseosa; pero muestra cómo lograr el fin elegido.
La razón no sólo revela la estructura de lo real, sino que facilita su aprovechamiento. No se trata de una interpretación utilitaria de la racionalidad, sino de reconocer que la razón es un instrumento extraordinariamente útil para el hombre. La razón muestra qué medios hay que poner para alcanzar determinados objetivos; pero ¿deja al arbitrio de la voluntad la elección de todos los fines? Además de suministrar la definición, por ejemplo, de la ruta más corta, ¿impone el destino? Además de suministrar una normativa hipotética o de segundo grado (si quieres eso, haz esto) ¿permite averiguar qué es lo intrínsecamente malo o bueno? Este es el gran problema de la filosofía moral. Marginemos la cuestión metafísica de si existen un bien y un mal absolutos, para abordar la más modesta del bien-para-el-cordero o para-el-león.
La experiencia demuestra que muchos consideran como buenas, cosas que otros desprecian o que creen incompatibles con su bien. Por eso, ni se puede disputar acerca de gustos, ni cabe otorgar al ciudadano libertades ilimitadas que sean lesivas para el prójimo. La razón, que es pura y, a la vez, práctica, puede, a partir de los hechos, determinar qué es bueno, no siempre para cada individuo, pero sí para la especie humana. Por ejemplo, para una especie viviente es bueno, por definición, perdurar. Lo que se oponga a su continuidad como la castración o la destrucción del medio, es malo. En el contexto de la evolución planetaria, la especie humana es el más avanzado estadio conocido, y tiende a perfeccionarse funcional y genéticamente. Obstaculizar ese proceso, como la prohibición de la investigación científica, es malo. En suma, del análisis de la naturaleza humana se deducen criterios morales. El logos analítico es secundariamente normativo.
Esta tesis no es una “falacia”, es un dato: lo que el hombre debe hacer no se funda en imposiciones, ni en sentimientos, ni en voliciones, se funda en relaciones empíricas y lógicas entre medios y fines, y en el análisis fenomenológico del bien específico de la Patria presente y futura. La distinción entre razón pura y práctica no es real, es pedagógica. Toda norma ha de ser racional. El logos informa y también prescribe. No caigamos, Jóvenes en una pasión exacerbada, desmedida y tenaz, particularmente hacia la causa política, no asumamos un punto de vista irracional específico, no caigamos en un fanatismo. Ya que el fanático, pues, se caracteriza por su espíritu maniqueo y por ser un gran enemigo de la libertad.
Los lugares donde impera el fanatismo son terrenos donde es difícil que prospere el conocimiento y donde se parece detenerse el curso fluyente de la vida. Un mundo, en definitiva, contrario a la mudable naturaleza humana que en ocasiones se diría anhela la muerte. De hecho, para Albert Camus en El hombre rebelde, es una suerte de nihilismo destructivo más.
El precio a pagar por la cristalización del pensamiento engendrada por el fanatismo resulta caro. El alejamiento de la verdad es una de ellas, porque para profundizar en el conocimiento debemos estar abiertos al descubrimiento de la parte de verdad presente en los demás, desde una humildad intelectual de corte socrático, con una actitud dogmática resulta difícil llegar muy lejos intelectualmente. No seamos victimas del mesianismo de López Obrador ya que SU tendencia de la cosmovisión o la ideología que se relaciona con su particular interpretación de la historia y política donde el cambio de un estado del desarrollo de una sociedad o su grupo de creyentes lo esta viendo como su “mesías” o héroe, al que corresponde el establecimiento de un nuevo orden que dará origen a su país utópico. Jóvenes… No olvidemos la máxima del sistema democrático: “Vox Populis, Vox Dei” “la voz del pueblo es la voz de Dios”.
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