El Político y la vanidad

1/02/2013

Tomas Bermúdez Izaguirre
Vanidad(Del lat. vanĭtas, -ātis).Arrogancia, presunción, envanecimiento, simplemente no es más que un afán excesivo de ser admirado. Forma parte de las personas que se creen con derecho por sus cualidades, por su posición, por su prestigio a la admiración y al acatamiento de los demás, y lo muestran en sus actitudes y palabras. Se dice: Si halagas su vanidad conseguirás de el lo que quieras. Si sale en la foto contribuirá generosamente a cualquier suscripción. Generalmente es un defecto menor que, a veces, hasta resulta gracioso, cuando no se desorbita. En muchas ocasiones se convierte en uno de los grandes motores de nuestras actividades. Por salir en la TV, es admirado, por salir en la prensa, y por pasar a la posteridad los hombres y mujeres somos capaces de afrontar riesgos y trabajos penosos. Pero, también es el talón de Aquiles a través del cual pueden obtenerse, de forma injusta, buenas prebendas de personajes importantes. Lo grave surge cuando la vanidad se utiliza como arma para torcer la voluntad de los políticos, jerarcas, patrones, jefes y jefecillos de cualquier categoría. Existen verdaderos artistas que manejan la vanidad del otro con suma maestría. Recuerdo un amigo, buena persona, con un cargo importante que pretendía que los favores y honores que recibía eran debidos a su personalidad y no al cargo que ostentaba. Mira, le dije el otro día: Cuánto vale el 3 aislado. Tres contestó. ¿Y si le pones tres ceros detrás?.. Tres mil respondió. O sea que el valor depende de la posición que ocupa. Se enteró cuando tuvo que dejar el cargo. Claro que los jerarcas adulados no suelen enfadarse por salir en la foto. Hay que ver como empujan algunos ni porque se tome su intransigencia o sus arrebatos de ira como indicadores de una arrolladora personalidad. Nada embriaga tanto como los elogios. Uno está dispuesto a creer a pies juntillas, sin sombra de duda, en el alto coeficiente mental que le atribuyen sus subordinados. El poder, la gloria y los honores son de naturaleza narcótica y adictiva. Las adulaciones tienen la extraña capacidad de embotar la inteligencia, y son algunos de los graves peligros, no contabilizados, que acechan a políticos y sociedades. Decía Joyce: «con el sombrero en la mano se llega lejos». Cuenta Plutarco que, preguntado Bías sobre cuál era el animal más peligroso, respondió: «Si hablas de las bestias, el tirano; si de los animales domésticos, el adulador». En otro lugar escribía: “Los cazadores atrapan las liebres con los perros, pero muchos hombres atrapan a los ignorantes con la adulación» Y, Shakespeare: «No hay quien sea enteramente inaccesible a la adulación, porque el hombre mismo que manifieste aborrecerla, en alabándole de esto es adulado con placer suyo». En tiempos de elecciones, y en todos los tiempos, será un buen ejercicio mental de los políticos y candidatos si están dotados de cierto valor echar un vistazo y observar quienes son los que les alaban sin cesar y quienes les contradicen de vez en cuando. Ellos y nosotros podríamos salir ganando. Además como dice el viejo del Jumate*: los políticos seguidamente omiten que van en la rueda de la fortuna…Insisterevestigiis. Afianzarse sobre las huellas. *( Lugar de reunión de politólogos santiagueros)

Correo electrónico: tomym@mel.com

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