Las rivalidades regionales y la matanza minan el esfuerzo para pacificar Yemen

9/10/2016

El bombardeo de un funeral en Saná es un golpe bajo a la mediación internacional.

El bombardeo sobre un funeral que el sábado mató a 140 personas en Yemen constituye un golpe bajo a los esfuerzos internacionales para parar la guerra, justo cuando el representante de la ONU esperaba anunciar un alto el fuego. Arabia Saudí, cuya aviación lleva año y medio castigando a los rebeldes que echaron del poder al presidente Hadi, se ha visto obligada a anunciar una investigación. Los insurgentes, por su parte, han respondido este domingo con un ataque en territorio saudí. Aunque todos los implicados dicen querer la paz, nadie da el paso definitivo. Al contrario, las actuaciones de los dos gobiernos yemeníes rivales apuntan a una escalada. La pugna regional entre Arabia Saudí e Irán agrava además la desconfianza entre las partes.

“Las posturas no están tan alejadas. La decisión definitiva es si se quiere acabar con el conflicto, porque hacen falta dos para bailar el tango”, declaraba a EL PAÍS Antonia Calvo, la nueva enviada de la UE para Yemen, durante una visita a Abu Dhabi esta semana. La UE ha apoyado desde el principio, los intentos de poner fin a la guerra por parte de la ONU y EE. UU., con la mediación de Omán y Kuwait.

De hecho, a finales de agosto, el Gobierno en el exilio y los rebeldes aceptaron una propuesta del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, para volver a dialogar tras el fracaso de las conversaciones en Kuwait. “Es la primera vez que EE. UU., el único país capaz de presionar a las dos partes, se implica de esta manera”, apuntaba Calvo, antes de destacar la forma en que esa iniciativa “secuencia los pasos militares y políticos consensuados y los encaja en una hoja de ruta”. En su opinión, se trata del mejor acuerdo que pueden conseguir los insurgentes. “Está en el límite de lo imposible, ya que incluye que digan cómo van a retirarse”, explicaba.

Sin embargo, desde entonces unos y otros solo han entorpecido un posible acercamiento. El presidente Hadi, respaldado por la coalición árabe, rechazó la idea de un Gobierno de unidad nacional. Sus adversarios, la alianza formada por los Huthi (un movimiento surgido de la minoría zaydí) y fuerzas leales al expresidente Ali Abdalá Saleh (incluido un importante sector del Ejército), nombraron un Gobierno alternativo. Ahora vuelven a chocar por el control del Banco Central.

En ese clima, el bombardeo del sábado puede convertirse en un punto de inflexión. Incluso EE. UU., acusado de cerrar los ojos a los desmanes de su aliado saudí, ha culpado del incidente a la coalición árabe y advertido de que su cooperación en materia de seguridad “no es un cheque en blanco” para el reino.

«Arabia Saudí no tiene una salida fácil al conflicto. Los Huthi y Saleh están luchando por su supervivencia y están dispuestos a hacerlo hasta el fin», opina Fernando Carvajal, un especialista estadounidense en Yemen.

A ello se suma la paranoia saudí sobre el respaldo a los Huthi por parte de Irán, su rival por la hegemonía en la región. Esa influencia que los observadores han calificado hasta ahora de “mínima inversión, máximo rendimiento”, podría incrementarse a medida que la guerra se enquista. Así se ha visto tras el ataque a un barco de Emiratos Árabes Unidos (EAU), el otro pilar de la coalición árabe, en la madrugada del 1 de octubre, en el que analistas militares han visto “la metodología de la Guardia Revolucionaria iraní”.

La presión sobre Riad es cada vez mayor. Al coste económico de la empresa bélica en un momento de bajos ingresos del petróleo, se suma el deterioro de su imagen internacional. Tras el fracaso el pasado agosto de las conversaciones auspiciadas por la ONU en Kuwait, han aumentado las críticas. Varias organizaciones de derechos humanos están presionando a los países que venden armas al reino, incluida España, para que reconsideren estos contratos. Incluso un grupo de congresistas estadounidenses ha intentado bloquear el último pedido.

“Tenemos la convicción absoluta de que Arabia Saudí quiere el fin de la guerra y, al igual que Emiratos Árabes, tiene la voluntad de ayudar en la reconstrucción de Yemen y lograr su estabilidad en una región que ya tiene demasiados conflictos”, aseguraba Calvo.

Como la mayoría de los observadores, la embajadora europea subraya que “no hay solución militar sino política”. Sobre el terreno, los hechos se muestran tozudos. La coalición árabe sigue bombardeando el norte del país, incluida la capital, y mantiene un estricto bloqueo naval a la zona, que solo permite el paso de los envíos de alimentos y medicinas supervisados por la ONU. Los rebeldes, por su parte, mantienen el cerco a la ciudad de Taiz, y atacan con misiles el territorio saudí.

Según Naciones Unidas, al menos 10.000 yemeníes han muerto por la guerra, la mitad de ellos civiles y en su mayoría víctimas de los bombardeos de la coalición. Además, de una población de 26 millones, 3,2 millones se han visto obligados a abandonar sus hogares, y 14 millones se encuentran en situación de inseguridad alimentaria.

Deja tu comentario

Más información sobre:

loading...

Suscríbete y recibe las noticias en tu correo

* Obligatorio